Tres ideas. Una de cada
lectura. Y todas tienen una idean en común: tomar decisiones. Nuestra vida está
en
nuestras manos, con nuestras
decisiones vamos construyendo nuestras personalidades. Nos vamos haciendo con nuestras
decisiones. Es muy fuerte, pero cada decisión nos acerca o nos separa de Dios.
¡
teniendo presente a Dios y serás feliz!
En la primera lectura hemos
visto como Dios dice a Salomón: “Pídeme lo que quieras”. ¡¡Qué propuesta
de Dios..., y qué respuesta la de Salomón!! Podía pedir lo que quisiera y él
decide pedir “un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el
mal del bien”. ¡¡Esto es pedir
bien!! ¡Tiene una tarea, gobernar el pueblo, se siente incapaz...= pide la
gracia!
Aprendamos de este testimonio
que hoy nos presenta la Palabra. Hoy también a nosotros Dios nos propone: “Pídeme
lo que quieras”. ¿Qué le pedimos?... Salomón pide sabiduría para ... y nosotros … ¿Qué
decidimos pedir? ... Somos lo que decidimos ... Nuestras decisiones nos van
dando forma... ¡Decide teniendo presente a Dios y serás feliz!
Hoy en la carta de San Pablo
hay una frase que es toda una lección de vida, una frase que cambia la manera
de vivir el día a día. Dice San Pablo: “Sabemos que a los que aman a Dios
todo les sirve para el bien”.
¿Qué quiere decir?
Que pase lo que pase, Dios es capaz de reconducir aquel hecho para que te haga
bien, crezcas, avances, madures. ¡¡Esto es genial!!
¡¡Esto
es también una decisión!! Puedo decidir vivir un hecho al modo divino, mirando
de descubrir la bendición de Dios, o al modo humano, desde la queja, ... ¡De ti
depende! Es decisión tuya hacerlo de una manera o de otra.
Que el marido te ha dejado. Es
muy triste, pero Dios es capaz de reconducir este acontecimiento para que sea para
ti una bendición. ¡De ti depende! De tu decisión.
Que te ha tocado un cáncer,
ídem ...
Que se te ha muerto un hijo,
ídem ...
Pero también cosas pequeñas
del día a día: que fulanito te ha dicho una cosa desagradable, Dios es capaz de
hacer que se convierta en bendición para ti ...
Esto nos abre la puerta a dos
cosas:
1. Profundizar aquella idea
que siempre repetimos en el adviento: el continuo advenimiento de Dios a
nuestra vida. Dios viene, en la liturgia, pero también en los acontecimientos,
personas, imprevistos ...
2. Si todo esto es así, la
consecuencia será no quejarnos... Si Dios utiliza aquello que me provoca la
queja para hacerme crecer, no me puedo quejar... Porque en el fondo allá hay un
bien ...
Pasemos al evangelio. Encontramos dos parábolas que nos
hablan del Reino de Dios. Reino de Dios es una
expresión que podríamos traducir por “que Dios reine en nosotros”. ¿Qué es el
Reino de Dios? No es un espacio físico, ni una época, ni un país, sinó que es
que Dios reine en nosotros.
El Reino de Dios es como un
tesoro, como una perla preciosa: si lo encuentras vendes todo lo que tienes y
lo compras. Es también una decisión.
¿Qué es el tesoro escondido?... ¿Qué es la perla preciosa? ... Es Jesús. Jesús es el tesoro escondido, Jesús es la perla preciosa.
Si lo encuentras lo vendes todo para conseguirlo.
Vemos como Jesús a través de estas parábolas pide una
decisión radical, una respuesta de totalidad
para seguirlo.
Venderlo todo quiere decir
entender que nada vale tanto como Dios, como Jesucristo, como la fe, de aquí
nace la actitud de venderlo todo, para alcanzar el tesoro.
Venderlo todo quiere decir
descubrir que Jesús es el gran regalo de Dios, el
tesoro ..., la perla ... En Jesús Dios nos lo está dando todo. Todo lo
que necesitamos para ser plenamente felices está en Jesús. ¡¡En Jesús hay
nuestra felicidad!!
Y si esto es así nos podemos
preguntar, ¿y yo qué debo vender para tener a Jesús
más presente? ¿De qué debo desprenderme? ¿Qué debo cambiar? Háblalo con
Jesús. Se trata de tomar decisiones...teniendo presente a Dios.
Que
las decisiones que tomamos día a día nos ayuden a descubrir en Jesús el tesoro
de nuestra vida ... Amén.