“Extendió la mano y lo tocó”. En este gesto que
hoy contemplamos está concentrada toda la historia de salvación. Cristo es la
mano de Dios extendida hacia la Humanidad. La Humanidad es tocada por Dios,
cada uno de nosotros somos tocados por Dios, para que podamos apartarnos del
mal, quedar curados y recibir de él una nueva vida. “Extendió la mano y lo
tocó” también nos toca a nosotros.
La primera lectura clarifica cuáles eran las
disposiciones de la ley respecto a los leprosos:
•
Tenían que vivir lejos de los pueblos.
•
Tenían que ir “con los vestidos rasgados” para que se
reconociera de lejos su enfermedad.
•
Tapados hasta la boca.
•
Y tenían que gritar: “¡impuro, impuro!”, cuando alguien
se les acercaba.
•
Tocar un leproso quería decir ser tu también impuro.
Pensad que cuando un leproso se acercaba a un pueblo o a
una ciudad, la gente le hacía marchar
tirándole piedras. Los maestros de la ley interpretaban la enfermedad como
consecuencia de los graves pecados del leproso.
Éste es el contexto donde situamos la escena del
evangelio. Contexto que da más fuerza a los gestos de Jesús.
Dos ideas a partir de lo que hace Jesús y dos a partir de
lo que hace el leproso:
1) Cuando contemplo la escena, “como si presente me
hallare”, veo que cuando el leproso aparece todos se apartan, todos se separan
de él, en cambio Jesús se acerca a él y lo toca... Dos movimientos: unos se
separan, el otro se acerca.
Jesús se acerca al personaje más rechazado de la sociedad
judía, el leproso, y “extendió la mano y lo tocó”. Dos coses impensables para
un judío de aquel tiempo. En una sociedad donde los leprosos eran unos
apestados, rechazados por todos, Jesús muestra proximidad y caridad.
La actitud de Jesús es necesario que ilumine nuestras
actitudes. ¿Cuáles son nuestras actitudes hacia los negros, los musulmanes, los
pobres, ...? ¿Tenemos prejuicios o acogemos como Jesús? ¿Nos dejamos llevar por
nuestra sensibilidad natural o nos dejamos llevar y guiar por las actitudes de
Jesús?
2) Segunda idea a
partir de lo que hace Jesús: “Sintiendo lástima, extendió la mano y lo
tocó”. Jesús ante el leproso se compadece. Compadecerse quiere decir sufrir
con el otro, hacer tuyo el sufrimiento del otro.
Compadecerse... Jesús lo hace continuamente en el
evangelio. Es quizás, el verbo más asociado a su persona. ¿Y nosotros, qué?...
¿Nos compadecemos? ¡¡Que no es sólo un sentimiento de pena!! “¡¡Ay,
pobrecitos!!” La compasión siempre lleva a Jesús a actuar...
¿Nos mueve la compasión? ¿Hacemos cosas frente el sufrimiento
de los demás... ?
Hoy
hacemos la colecta de Manos Unidas. Algunos datos:
Manos Unidas el año 2022 invirtió cuarenta y cinco millones de euros en cientos
de proyectos por todo el mundo. ¡¡Cuánto bien que hace la Iglesia!! La colecta
es una manera de compadecerse, ...de hacer un gesto concreto...
Como dice
una frase que hacen servir en Cáritas diocesana: “Mucha gente pequeña, haciendo muchas
cosas pequeñas, en muchos lugares pequeños, puede cambiar el mundo”.
Dos
ideas a partir de lo que hace el leproso:
1. “Se acercó a Jesús un
leproso, suplicándole de rodillas”. Qué gran lección nos da el leproso. El
leproso presenta a Jesús su enfermedad. Hacemos nosotros lo mismo… presentamos
a Jesús nuestras dificultades, tristezas, enfermedades...
Ante un problema ¿qué hacemos? Lo presentamos a Jesús. No vamos a
tarots, ni “echadores de cartas”, ni horóscopos, ni negamos el problema, ni
preguntar a quien no nos puede ayudar. Vivamos cristianamente: tenemos una
dificultad, la hablamos con Jesús. Él nuestro maestro, nuestro salvador,
nuestra luz.
2) Segunda enseñanza del
leproso. El leproso le suplica: “Si quieres, puedes limpiarme”, qué
frase más bonita.
Esta frase es una plegaria. También nosotros desde nuestras debilidades hemos de decir a Jesús: “Si
quieres, puedes limpiarme”.
De mi envidia, si quieres, puedes
limpiarme.
Del rencor, si quieres, puedes...
Del odio, si quieres, puedes. ...
De la adicción al porno, si quieres,
puedes...
De perder el tiempo, si quieres,
puedes...
Son frases potentes... si en la oración las vas repitiendo, una vez
y otra, y otra, pasan cosas... Y Jesús nos acabará diciendo: “Quiero: queda
limpio”.
Cada vez capto con más fuerza y claridad
que la única manera de estar ante Dios es como un pobre; como el publicano en
el templo, como un leproso que quiere ser curado...