Tomás dice: ““Si no veo en sus manos la señal de los
clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su
costado, no lo creo”. Resumiendo: “si no lo veo, no lo creo”.
¡¡Cuántas veces lo hemos escuchado!! Demasiadas. Hay una
buena manera de refutar esta frase. Escuché en una película: “Dios es como
el viento, no lo ves, pero lo sientes“ Me gusta. Nosotros no hemos visto a
Dios. Nosotros no hemos visto a Jesús resucitado, pero, le experimentamos vivo.
Esto es la Pascua. Quizá ahora no lo sientas vivo, pero lo has sentido… seguro.
Tranquilo si ahora no sientes: él es el gran pedagogo, él sabe lo que tu ahora
necesitas, y eso es lo que él te da.
Todos nos hemos sentido un poco cercanos a Tomás. De alguna
manera Tomás es nuestro representante, porque todos tenemos dudas y queremos
pruebas. Pero como a Tomás a todos nosotros se nos pide creer sin haber
visto.
Todos somos un poco como Tomás, pedimos pruebas a Dios,
quizá no de una manera explícita, pero condicionamos nuestra fe, nuestra
práctica religiosa a sus respuestas: “creeré más si curas a mi padre”, “ creeré
más si me quitas estos dolores que tengo”, “creeré más si nos sacas de este
apuro económico”, “creeré más si te siento más en la oración”. Sin darnos
cuenta condicionamos nuestra fe a sus respuestas, en el fondo como Tomás
pedimos pruebas para creer más profundamente, para entregarnos más.
Pero Jesucristo nos dice a todos como a Tomás: “Porque me has visto has creído, dichosos
los que creerán sin haber visto”. Nos está diciendo felices los que se fían
de Dios, felices los que viven en el misterio, felices los que no necesitan que
todo les vaya bien para creer, felices los que no piden pruebas, felices los
dóciles a Dios, felices los humildes” .
El seguimiento de Cristo, el auténtico, nos pide la fe,
nos pide dejar que él lleve nuestra vida. Nos pide descubrir su plan y entrar
en él, y no al revés. Hacer que Dios entre en mi plan.
La segunda idea que podemos deducir de este evangelio
responde a aquella pregunta que mucha gente se hace y que otros muchos no se la
hacen pero la llevan en su subconsciente: la pregunta es: ¿por qué la Iglesia,
por qué los curas, por qué la institución, si es más fácil, más sencillo y más
bonito, una relación directa con Dios? ¿por qué? (muchos se la hacen).
La respuesta es clara, sencilla, contundente: porque Dios
lo ha querido así. Hay institución, hay
Iglesia, hay sacramentos, hay curas, porque Jesús lo ha querido así. Ni los
apóstoles, ni los curas nos hemos inventado nada. El mismo Cristo establece en
la historia los mecanismos para continuar su acción salvadora a lo largo de los
tiempos. En el evangelio de hoy esto se ve con una especial claridad:
• Jesús envía a sus discípulos para continuar su
labor: “como el padre me ha enviado, así os envío yo”
• Instituye el sacramento de la confesión: “a
quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se los
retengáis, les quedan retenidos”.
Jesús se sabe salvador de todos los hombres, y por eso tiene
la pretensión de continuar salvando a lo largo de la historia, y para ello
funda la iglesia y los sacramentos. Ambos son medios para comunicarnos sus
gracias salvadoras. En el evangelio hay muchos signos que nos hablan de esta
pretensión de Jesús de continuar entre nosotros para darnos su salvación, hoy
hemos visto algunos de ellos.
Por eso cada
sacramento nos exige poner en juego la fe, cada sacramento es una acción de
Cristo.
Tercera idea, que
son como tres ideas.
Jesús hoy nos ha
dicho tres veces: “Paz a vosotros”.
Jesús envía a sus
discípulos: “Como el Padre me ha enviado,
así también os envío yo”.
Jesús les comunica
el Espíritu Santo: “Recibid el Espíritu
Santo”.
La Palabra de Dios
no la podemos escuchar como cosas que pasaron en el pasado. Sinó como
actividades que pasan cuando las leemos. La Palabra de Dios es performativa,
produce lo que dice ... Por tanto, hoy Jesús
Te da la paz
Te comunica el
Espíritu Santo
Te envía a la misión
Si en vuestra
plegaria personal proyectáis en vosotros estas palabras, ¡¡resucitáis!!
Proyectar, saborear, reflexionar, dialogar... Esto nos resucita ...
Acabo como acababa
el evangelio de hoy: “Muchos otros signos, que no están escritos en este
libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para
que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo,
tengáis vida en su nombre”.