CAMINEO.INFO.-
Hoy
es Domingo laetare, domingo de la
alegría. Alegría porque empezamos a intuir la proximidad de la Pascua, en
la que renacerá nuestra vida espiritual. ¡Y por esto estamos alegres!
Si domingo pasado decíamos que nosotros somos la mujer samaritana. Porque
la Palabra de Dios es viva y se dirige a cada uno de nosotros. Este domingo
tenemos que decir que nosotros somos el ciego.
Y si leemos con atención el evangelio tenemos que concluir que nosotros
somos ciegos, ciegos de nacimiento y sólo Jesús nos da la luz (“Yo soy la luz
del mundo”).
Todos hacemos un camino de la oscuridad a la luz. Este evangelio nos dice:
tienes un problema si crees que ves. Hay gente con los ojos abiertos y la vida
a oscuras.
Creemos que vemos, porque somos listos, porque las cosas nos han ido bien
en la vida, porque venimos a misa desde hace la tira de años, porque rezamos un
poco. Creemos que vemos, pero este evangelio nos dice que somos ciegos. Lo
primero es reconocer que somos un poco ciegos.
¡Delante de Jesús siempre nos hemos de presentar como ciegos y pedir la
luz! Porque la tendencia a pensar que vemos es muy fuerte. Cuando tu crees que
ves, ya no estás del todo abierto a que Jesús te de la luz.
En temas como los pobres, nuestra santidad, la mortificación, la
evangelización, las riquezas, y tantos temas, tenemos visiones mucho más del
mundo que del evangelio. ¡Somos ciegos, de verdad, y yo el primero!
”¡¡Señor, que vea!!” El
ciego se dejó tocar, y comenzó a ver… ¡dejémonos tocar por el Señor! Hay
cegueras que sólo puede curar Jesús. Y debemos pedirle. John Henry Newman: “Quiero ver con tus ojos, Señor”.
¿Y qué pasa si no nos reconocemos como ciegos? Entonces somos como los
fariseos...
Dice el Papa Francisco comentando este evangelio: “Mientras que el ciego se acerca gradualmente a la luz, los
fariseos, al contrario, se hunden cada vez más en su ceguera interior. Cerrados
en su presunción, creen tener ya la luz; por ello no se abren a la verdad de
Jesús. Hacen todo lo posible por negar la evidencia.”
El problema de los fariseos es que creen tener ya la luz total, creen que
ya no les hace falta nada más, que ya van bien, que ya están cumpliendo, y por
tanto, no están abiertos a avanzar, a hacer camino, a dejarse interpelar por lo
que sienten o ven.
El problema de los fariseos es nuestro problema, que nos creemos tener ya
la luz total, creemos que ya no nos hace falta nada más, que ya vamos bien, que
ya estamos cumpliendo, y por tanto, no estamos abiertos a avanzar, a hacer
camino, a dejarnos interpelar por lo que sentimos o vemos.
Un signo de esto: ¿en los últimos dos-tres meses, qué cambio ha provocado
la Palabra de Dios en tu vida? ...
Dice el Papa Benedicto comentando este evangelio: “Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos
la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo
que la Biblia llama el “gran pecado” (cf. Sal 19,
14): el orgullo.”
“Confesemos nuestra ceguera” “Dejémonos curar
por Jesús” ... ¡Nosotros somos
ciegos! ¡Jesús nos da la luz! ¿Por qué nos cuesta admitir todo esto que digo?
Por el orgullo. El problema es el orgullo, la soberbia, el fariseo que llevamos
dentro, y que nos dice que nosotros ya somos buenos, que no somos como los
demás, que ya estamos bien, que ya tenemos la luz ... Vigilad con el pequeño, o
gran, fariseo que llevamos dentro.
Dice Jesús: “Como decís que veis, vuestro pecado persiste”. ¿cuál es
el origen de su problema? ¡¡El
problema es creer que tienes la luz!! El problema es el orgullo, la soberbia, la
autosuficiencia, es el “yo ya sé” ... Sacamos a Jesús del pedestal y nos
ponemos nosotros (sal de aquí que ya me pongo yo).
Atención: El gran riesgo es acabar encerrando a
Dios dentro de nuestra realidad sin redimir, sin convertir. Encerrar a Dios dentro
de nuestra mediocridad. Y entonces, somos nosotros los que damos forma y
contenido a la revelación de Dios, y vivimos un cristianismo aparente.
Entonces,
palabras como “conversión”, “seguimiento radical”, “puerta estrecha”, “cargar
la cruz”, “hacer la voluntad de Dios”, “prácticas cuaresmales”, nos resultan
distantes...
Nosotros somos ciegos, Jesús nos da la luz.
Desde nuestra ceguera dialoguemos con
Jesús ...