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Domingo II dentro de la Navidad

Sun, 04 Jan 2026 11:24:00
 

CAMINEO.INFO.-  El día de Navidad leíamos el relato del nacimiento de Jesús (no encontraron lugar, los ángeles, los pastores, el nacimiento). Hoy leemos la interpretación de aquellos hechos. ¡¡Hoy leemos lo que estaba pasando realmente!! “Y la Palabra se hizo carne”. Es muy bonito ver como la liturgia quiere que vayamos profundizando este gran misterio que estamos celebrando.

 

Parece que la liturgia quiere que nos paremos y nos dice: ¡os habéis dado cuenta de lo que habéis celebrado! Tenemos que tener hambre, sed, de entender mejor lo que estamos viviendo estos días...

 

Dios es como la luz del sol, una luz potentísima, tan fuerte que nos ciega. No podemos ver el sol directamente. Con la encarnación, al hacerse Dios hombre, uno de nosotros, Dios brilla con una tonalidad agradable a nuestros ojos, con un resplandor que ilumina nuestros rostros.

En Cristo, Dios habla al hombre con un lenguaje humano. Con la encarnación desaparece la invisibilidad de Dios y podemos pasar, ver y tocar el misterio de Dios.

 

El prólogo no comienza en Belén, sino “En el principio”. Esta expresión es una invitación a levantar nuestra mirada, a no quedarnos sólo en las cosas visibles, y entrar en el misterio de Dios. Se nos convida a entrar en el misterio de Dios. Éste “En el principio”, no es un momento del tiempo, sino es Dios mismo. El Verbo no comienza a existir: es eterno, “está con Dios” y “es Dios”.

 

El prólogo de San Juan contiene el núcleo, el corazón, de la fe cristiana: “Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”. Dios no envía una idea, ni una ley, ni un mensajero cualquiera: viene él mismo. Se hace carne, con todo lo que significa: fragilidad, cansancio, sufrimiento, … ¡¡contemplamos un acto de amor tan increíble, tan impensable!! Dios se hace vulnerable. Dios entra en nuestra noche para hacer luz. Dios entra en  nuestra historia para que nadie pueda pensar que está solo. Dios entra en nuestros corazones para hacer nuevas todas las cosas.

 

Y si nos fijamos bien, veremos que el prólogo es una invitación a una relación, a un encuentro.

 

“Por medio de la Palabra se hizo todo”, también tu existes por el Verbo  de Dios, por Jesucristo. Convida a una relación... San Juan Pablo II: “Por Él y ante Él, el hombre es único e irrepetible; alguien eternamente ideado, eternamente elegido, eternamente amado; alguien llamado por su propio nombre”. Invitados a un encuentro…rezar más, ¡qué gran propósito!

 

“En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. Él es tu luz... convida a una relación … para que llegue a ser verdaderamente luz para ti. Rezar más, ¡qué gran propósito!

 

“Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”. Convida a una relación … para llegar a ser, para ser verdaderamente hijos… la fe genera filiación. San León el Magno decía: “Reconoce, cristiano, tu dignidad”. Dios nos engendra como hijos suyos. Nos introduce en su propia intimidad. Y lo hacemos participando realmente de la vida del Hijo.

 

Ser hijos de Dios, no es un título honorífico, ni una recompensa por ser buenos. ¡Es una nueva identidad que recibimos! Ser hijos no es una idea piadosa, ha de ser una experiencia que de sentido a todo. Ha de ser una convicción que nos lleve a la paz.

 

Ser hijos de Dios, la filiación divina, es lo más real. Más real que tus pecados, más real que tus estados de ánimo. Ésta es nuestra realidad, y tenemos que vivir conforme a ella.

Uno de los dramas más grandes es vivir como huérfanos cuando tenemos un Padre. El cristiano no es un hombre que hace cosas religiosas, sino un hijo que vive de su Padre.

 

“Les da poder para ser hijos de Dios”. Es Dios quien nos hace hijos, por tanto, es Dios quien nos capacita para vivir desde esta relación. Es un regalo que nos ha hecho  nuestro Padre, es un don, una gracia inmerecida.

 

Me decía un sacerdote que el gran enemigo de la vida cristiana no es el pecado, sino la autosuficiencia. Porque estamos diseñados para que nuestro Padre nos vaya bendiciendo, construyendo, y el autosuficiente quiere hacerlo él mismo. No ha entendido  qué quiere decir ser hijo de Dios. Si quieres ser autosuficiente no puedes vivir como hijo de Dios.

 

Jesús no ha venido a traernos cosas de Dios, viene a traernos al Padre.

 

Después de estos días intensos espiritualmente, días donde el Señor nos quería comunicar intensamente  sus gracias, quiero acabar como San Pablo acaba hoy  su carta a los  cristianos de Éfeso.

 

“Yo rezo por vosotros para que nuestro Padre del cielo os conceda

       .   el don espiritual de una comprensión profunda,

       .   el don de su revelación, para que conozcáis de verdad quien es Cristo,

       .   le pido también que ilumine la mirada interior de vuestro corazón, para que conozcáis a qué esperanza os ha llamado, qué riquezas de gloria os tiene reservadas”.

 

Que el Señor a lo largo de este año que comienza os conceda todos estos dones.

 

 









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