Benedicto XVI ha vivido casi medio siglo como profesor de Teología y máximo custodio de la enseñanza de la fe católica como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe. Es pues un Papa cuya imagen está teñida por su apasionada consagración a un pensamiento dogmático sometido a las exigencias de la verdad, una actitud intelectual que no goza de especial aprecio en la conciencia contemporánea. En sus palabras: “quien ama a Dios es impulsado a convertirse, en cierto sentido, en un teólogo, uno que habla con Dios, que piensa sobre Dios y que intenta pensar con Dios”.
Fe, Esperanza, Amor son 365 invitaciones a la reflexión de Benedicto XVI. En no más de seis líneas, el actual pontífice propone al lector profundizar en ciertos aspectos de la existencia que preocupan al hombre contemporáneo. Estas invitaciones son extractos del título Introducción al cristianismo, breves extractos que condensan lo mejor del pensamiento de Benedicto XVI de forma accesible para todos los lectores.
Cada hombre tiene que tomar postura de algún modo en el terreno de las decisiones fundamentales; y esto solo puede hacerlo en forma de fe
El sentido del mundo es el tú
Se nos dice a menudo que un poco de buena voluntad basta para que todo marche bien. Así es ciertamente, pero lo trágico radica precisamente en que la humanidad no tiene fuerza suficiente para poner en práctica esa buena voluntad.
Ser cristiano es más bien saber que se vive solo y siempre del don que se ha recibido y que, por eso, solo se es justo cuando se da, como el mendigo que, agradecido por lo que le han dado, lo reparte con generosidad.
Cristiano no es el adepto a un partido confesional; cristiano es quien siendo cristiano se hace realmente hombre. No es cristiano el que acepta vilmente un conjunto de normas que interpreta servil y únicamente en función de sí mismo, sino el que se ha liberado para ir en pos de la bondad sencilla y humana.
Solo si experimentamos a Dios como silencio podremos tener la esperanza de escuchar un día su palabra, que brota del silencio.