Sevilla/ESPAÑA.- A partir de septiembre, quience hermanos voluntarios de la Hermandad de la Vera Cruz mostrarán el patrimonio de la capilla del Dulce Nombre de Jesús y los aledaños Baños de la Reina Mora, declarados Bien de Interés Cultural desde 1996.
Se trata de una iniciativa pionera en la que, por el momento, participarán esas quince personas, entre jubilados, desempleados y hermanos con tiempo libre, y permitirá conocer en profundidad el devenir de un espacio que se remonta hasta la época almohade, tiempo del que datan los baños árabes, que hoy han sido recuperados después de muchas vicisitudes.
De once de la mañana a una de la tarde, dos voluntarios permanecerán en la capilla para llevarnos llevarán hasta un convento de monjas agustinas levantado sobre los restos de casas en lo que fueron los conocidos como los «Baños de la Reina Mora», que tras la Reconquista y la muerte de Fernando III el Santo pasaron a su viuda y segunda de sus esposas, la reina Doña Juana. Parece ser que después Alfonso X los donó a la Catedral.
El inmueble fue «Convento de Dueñas» o «Casa de Beatas» de la orden carmelita, «recogimiento de mujeres arrepentidas» conocido como «Dulce Nombre de Jesús» en 1540, convento de agustinas, que permanecieron hasta la desamortización de 1837; después casas de vecinos, aunque se mantuvo la pequeña iglesia abierta hasta la Revolución de 1868 y sede de la Hermandad del Amor, tras ser comprada por María del Amor Pérez de León, hasta 1905, año en que ocuparía el espacio una comunidad de dominicos, que luego se irían a San Jacinto.
Más tarde la zona que fue de baños y convento sería habilitada como Comandancia de Ingenieros hasta los años setenta mientras que la capilla, tras estar instalada en ella 1941 la Hermandad de Santa Lucía, pasaría un año después a ser la sede canónica de la reorganizada Hermandad de la Vera Cruz.
La capilla conserva su aire conventual en celosías y en la antigua división entre el coro alto y bajo. Destaca el retablo mayor barroco, del siglo XVI, que cobija la venerada imagen del Cristo de la Vera Cruz en un camarín rectangular que debió adecuarse en el XIX para el Cristo del Amor. En las paredes del presbiterio encontramos frescos en pinturas murales relacionadas con la Orden Agustina, que han sido restauradas y lucen en todo su esplendor.
En la nave izquierda se hallan el retablo de la Virgen de las Tristezas, del XVIII o principios del XIX, y el rematado por la imagen de Dios Padre, que pudo ser realizado por Juan Bautista Vázquez «El Viejo». En la capilla también pueden verse lienzos, como los que retratan a Santiago y San Pedro, obras de José Contreras, de 1865, entre otras obras.