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El camino seguro de la paz es descubrirnos como hermanosTue, 07 Jan 2014 05:57:00
El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, recordó que “la paz tiene su fuente en Dios, en él ella es un atributo esencial, en nosotros es don y tarea. Jesucristo es el don que Dios nos ha enviado para sanar y reconstruir la herida del pecado y sus consecuencias”.
“El don de la paz es como el testamento espiritual que Jesús les dejó a sus discípulos: ‘les dejo la paz’, les dice, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. Para ello Jesús nos habla de conversión y de recrear en nosotros un hombre nuevo, que es la base de un mundo nuevo”, subrayó en su alocución semanal.
“No se comienza cambiando el mundo si no se cambia el corazón del hombre”, agregó.
El prelado sostuvo que “el don antecede a la tarea y la hace posible” y señaló que “cuando queremos iniciar la tarea de la paz y no estamos dispuestos a remover los males que la comprometen, sea el egoísmo y el odio, la deshonestidad y la corrupción, la pobreza y la injusticia, la paz pasa a ser un deseo sin raíces. El don nos compromete a una tarea”.
El arzobispo santafesino indicó que “cuando el Santo Padre nos presenta como lema para la Jornada Mundial de la Paz: ‘La fraternidad fundamento y camino de la paz’, nos pone ante una verdad que no siempre comprendemos” y explicó que se refería “a ese descubrirnos desde la fe en un Dios que es Padre de todos”.
“Jesucristo a lo largo del Evangelio nos enseña lo que es el primer principio de la moral social, al decirnos, todo hombre es mi hermano. Cuando perdemos de vista la exigencia moral de este principio se empobrece la condición humana y la paz pierde su fundamento más sólido”, afirmó.
Monseñor Arancedo advirtió que cuando “la paz se reduce al mezquino juego de intereses o a la mera ausencia de conflictos. Esta paz, sabemos, dura poco. El camino seguro de la paz es descubrirnos en nuestra condición de hermanos y actuar en consecuencia. Esto nos muestra, además, cómo una lectura de fe no es un agregado a la realidad, sino el modo de comprenderla en su riqueza y profundidad”.
“Que el Señor, el Príncipe de la Paz, nos ayude a conocernos y a actuar como hermanos, para formar una sociedad más humana, espiritual y justa que nos permita crecer en la amistad social”, concluyó.+
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