Eran las 6 de la mañana y el santuario comenzó a recibir a cientos de personas, número que se incrementó con el paso de las horas. Casi 30 horas, el lugar se transformó en el principal centro con mayor afluencia de personas, que provinieron de todos los lugares de Concepción.
La primera Misa se celebró a las 06.30 horas y la presidió el Pbro. José Luis Roldán y la última, fue celebrada por Monseñor Chomali, pasadas las 18:00 horas. Sin embargo, la presencia de fieles continuó hasta las 21:00 horas.
A las 17:00 horas, salió desde el atrio de la Catedral, la procesión con la Virgen, que este año tuvo una ruta diferente a la de años anteriores. La salida fue por Caupolicán, Barros Arana, Aníbal Pinto, O´Higgins hasta Roosevelt para ingresar por Plaza San Bosco hacia el cerro. De este modo, no fue necesario atravesar el intenso comercio que copó las calles aledañas en el sector de la plazoleta.
En su homilía, Monseñor Chomali pidió “ser alegres, porque a pesar de los problemas que cada uno tiene, creemos en Dios y eso que nos trae la esperanza y la salvación. Además, vámonos con ganas de servir, para hacer la voluntad de Dios y promover la cultura del compartir y servir”.
Monseñor reflexionó que los problemas “forman parte de nuestra vida y eso es fruto del pecado original, que se manifiesta, en definitiva, en la falta de amor. ¿Podrá la economía, los mall subsanar el dolor en nuestro corazón?. La respuesta es no, porque no vivimos la experiencia de amor, porque eso requiere salvación. Los católicos no somos el club de los buenos, somos el club que necesitamos salvación, porque reconocemos que sin Dios no podemos hacer nada. Por eso creemos que Dios nos ha redimido y nos ha salvado”.
Al término de la Eucaristía, agradeció a quienes prepararon la celebración en el cerro, en particular al personal del Arzobispado, del Seminario Metropolitano con formadores y seminaristas; a la catedral y a todos los sacerdotes que presidieron la Eucaristía y atendieron la Confesión. Agradecimiento especial brindó a Carabineros, a Cruz Roja, Defensa Civil, Scouts y a numerosas personas que anónimamente dieron su tiempo y servicio para acoger a unos 400 mil peregrinos.