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Mons. Frassia habló hoy en el Concejo Deliberante de Avellaneda

Thu, 16 Aug 2012 01:01:00
 

Con actos cívicos y religiosos, y asueto administrativo, la ciudad de Avellaneda, uno de los municipios más importantes de la provincia de Buenos Aires, la antigua Barracas al Sud, celebró hoy su fiesta patronal, la solemnidad de la Asunción de la Virgen María.

En el marco de los festejos, en los que participaron tanto los fieles católicos como las fuerzas vivas de la ciudad, uno de los principales y tradicionales actos fue la realización de una sesión extraordinaria del Concejo Deliberante a la que asistieron todos los concejales que lo integran y el intendente municipal, en la que se rindió homenaje a la Patrona de Avellaneda.

Orador principal de esta reunión, que sesionó con quórum pleno, fue el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, quien dirigió un mensaje en el que rindió homenaje a la Virgen y efectuó un llamado a “vivir en la esperanza”.

“En la festividad de la Asunción de María Virgen -comenzó diciendo monseñor Frassia-, quiero agradecer a este Honorable Concejo Deliberante, a su presidente Don Armando Bertolotto, y a todos sus integrantes, que representan a la Comunidad de Avellaneda, la cordial recepción que me brindan como Obispo Diocesano para esta Sesión que cada año nos reúne para ofrecer nuestro homenaje a María de la Asunción, Patrona de nuestra Ciudad y de nuestra Diócesis. Saludo en particular y agradezco la presencia del señor Intendente Municipal, ingeniero Jorge Ferraresi y a todo su equipo de conducción.”

Tras señalar que “la fiesta de la Asunción a la gloria del cielo de María en alma y cuerpo, es decir, en todo su ser humano, en la integridad de su persona, nos concede la gracia de renovar nuestro amor a la Virgen, de admirarla y alabarla por las “maravillas” que el Todopoderoso hizo por ella y obró en ella”, el obispo afirmó que al contemplar a la Virgen María podemos ver en profundidad también nuestra vida, porque “también nuestra existencia diaria, con sus problemas y sus esperanzas recibe luz de la Madre de Dios, de su itinerario espiritual, de su destino de gloria, un camino y una meta que pueden y deben llegar a ser, de alguna manera, nuestro mismo camino y nuestra misma meta”.

Porque “María nos anima a vivir en la esperanza”, los cristianos sabemos que tenemos un futuro, y “aunque no conozcamos los pormenores de lo que nos espera, sabemos que la vida no acaba en el vacío”, y “cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente”, y “la puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par” con la asunción de María.

Después el pastor avellanedense señaló que estas fiestas patronales se celebran en el marco del 50º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II, un acontecimiento eclesial que quiso “proclamar la altísima vocación del hombre y la presencia en él de un germen divino y ofrecer a la humanidad una cooperación sincera, que instaure la fraternidad universal que responda a esa vocación”, porque “no impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna”, sino que “desea continuar bajo el Espíritu Santo, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no juzgar, para servir y no para ser servido”.

“Hoy celebramos que María, en cuerpo y alma, la mujer entera, sube al Cielo”, aunque ciertamente que con mirar hacia el Cielo no impedimos que lo ingrato siga siéndolo; pero su peso habrá menguado, porque todo será para nosotros penúltimo. No nos rebelaremos cuando las cosas no resulten como quisiéramos, o se frustren nuestros propósitos: porque sabemos que, en el fondo, hay algo bueno en ello, toda vez que Dios es bueno”, dijo citando al cardenal Ratzinger.

“Hoy se constata que en este cambio de época, con la influencia que tiene la globalización y una cultura relativista y consumista, exaltando el individualismo, se ha ido debilitando el valor de la verdad y de la objetividad. Todo es subjetivo: ‘solo por hoy’ y el famoso ‘sálvese quien pueda’ está llevándonos a un individualismo peligroso y nocivo, horadando las virtudes sociales que deberían ser las convicciones más profundas para nuestra querida Nación”, dijo más adelante, y agregó que “la verdad y la objetividad son valores que no dependen de la interpretación subjetiva. Son verdades universales y que nunca deberían ser eclipsadas por intereses particulares, por muy importantes que sean, porque ello conduciría únicamente a nuevos casos de fragmentación social o discriminación”, y citando nuevamente a Benedicto XVI expresó que “los individuos, las comunidades y los estados sin la guía de verdades morales objetivas, serían egoístas y sin escrúpulos, y el mundo sería un lugar peligroso para vivir”.

“Mi pensamiento va hoy hacia los jóvenes y los niños: cómo los preparamos, qué les dejamos, cómo los acompañamos, cómo ellos con nosotros y nosotros con ellos construimos una nueva civilización. Debemos salir de la trampa de lo mediático. No le tengo miedo al juicio de hoy, sino a la verdad que me juzgará mañana. Por la misma fuerza de la verdad, se verá en todos los órdenes, personales, familiares, sociales y políticos si hemos caminado en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor, procurando así sostener y construir el hermoso puente de la paz”.

“Es necesario detenerse y levantar la mirada hacia el futuro concretándolo en este presente. El futuro cierto se amasa en el concreto presente del hoy. Debemos tener decisiones con coraje y con clarividencia a favor de la verdad y de la paz. Este camino es también de los jóvenes” y puso el acento en lo fundamental que es la educación, “tema crucial para todas las generaciones, puesto que de la educación depende el sano desarrollo de cada persona, para el futuro de toda la sociedad”.

Por último, monseñor Frassia aconsejó pensar en la familia, porque la familia es anterior al Estado y éste debe cuidarla y protegerla. “Estamos en tiempo de cambios, pero éstos deben ser tomados y vividos en el reconocimiento de la dignidad inalienable de toda persona humana y de sus derechos fundamentales. El respeto de la persona debe ser el centro de las instituciones y de las leyes. La familia debe ser valorizada y no combatida. Son necesarias políticas que valoricen y que ayuden a la cohesión social y al diálogo respetuoso entre todos”.

“Que la Virgen María, asunta al cielo, en estas celebraciones cívicas y patronales, nos fortalezca, nos ilumine y nos entusiasme a seguir trabajando y buscando infatigablemente el bien común. Que bendiga a nuestras familias, a nuestra ciudad de Avellaneda, a este Honorable Concejo Deliberante y a cada uno de los aquí presentes”, concluyó el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia.+







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