CAMINEO.INFO.- San Isidro/ARGENTINA.- El obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, reconoció que “la Iglesia pasa por un momento de prueba” al advertir que “convicciones profundas como el amor por la vida, por toda la vida ya concebida, por el matrimonio y la familia, son puestas en ridículo como si fueran concepciones retrógradas”.
Ante este panorama, el prelado sugirió no renunciar a las convicciones más profundas ni traicionar a Jesús y al Evangelio, pero tampoco parcializar su mensaje “tomando de Él sólo nuestra preocupación por los pobres, porque parecería ser que esto es lo único que le cae bien a la cultura actual”.
“Ciertamente ni estamos en el momento más difícil de la historia ni en el peor tiempo para los miembros de la Iglesia. Pero sin duda son momentos complejos, desafiantes, de ‘mucho movimiento’ y la tentación de respuestas no-evangélicas puede aparecer frecuentemente”, indicó.
El obispo alentó a “hacerse como niños”, es decir rezando más y buscando “más a Dios para implorar la luz necesaria para ver”, y también huir de la tentación de enojarse.
“Y por supuesto, nada más alejado del mismo Evangelio que cualquier respuesta que incluya un mínimo de matiz violento. Lejos de nosotros los tonos hirientes, el desprecio o la ironía”, reclamó.
Esto no significa, explicó, “dejar que lo que consideramos erróneo o falso se imponga contando con nuestra pasividad o indiferencia” y tampoco “callar lo que nosotros consideramos verdades que nos han sido legadas por Jesús”.
Monseñor Casaretto insistió en que “no podemos ser infieles y traicionar nuestros principios” y esto implica, precisó, “no sólo la proclamación de nuestras verdades, sino también un estilo evangélico de proponerlas. Por eso creo que es ante todo un tiempo de testimonios. De ser testigos vivos”.
“Esto significa que la respuesta pasa principalmente por encarnar el Evangelio en nuestras vidas. No vamos a ser más creíbles por multiplicar nuestras declaraciones, aunque no podamos dejar de emitirlas. El testimonio de sacerdotes entregados, de consagrados serviciales y de familias alegres y gozosas de ser fieles y fecundas, creo que es lo primero”, enfatizó.
Por último, monseñor Casaretto reiteró que “como no podemos dejar de decir lo que creemos, debemos encontrar el modo de proclamar con humildad nuestras verdades. Un estilo donde quede claro que por sobre todo estamos guiados y motivados por el amor, que cristianamente hablando, debe llegar hasta el amor a los enemigos. Un amor lleno de respeto hacia los todos, aunque consideremos que están equivocados. Un amor que discierne entre la verdad y el error, entre el bien y el mal, pero que nunca deja de amar a todos. Un discernimiento que nos ayude a compatibilizar la valentía de expresar la verdad con la mansedumbre propia de la auténtica caridad”.+