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XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Sun, 30 Jun 2019 09:37:00

CAMINEO.INFO.-

¿Los cristianos son más o menos libres que los demás?... ¿Si hemos de cumplir unas normas, unos preceptos, parece que somos menos libres?... En cambio, San Pablo dice que ¡¡Cristo ha venido para que seamos libres!! Vamos a explicarlo, un poco, porque el tema de la libertad da para mucho.

 

Pocas palabras tienen tanta resonancia en el corazón del hombre como la palabra: libertad. Todos queremos ser libres. Hoy San Pablo nos dice: “Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado”. “Hermanos, vuestra vocación es la libertad”.

 

Tesis San Pablo = mi tesis: Cristo es la fuente de donde mana la libertad. El pecado es esclavitud. Cristo es la libertad.

 

¿Quién es más libre, el joven que convierte la libertad en un pretexto para hacer su propio gusto, lo que le da la gana en cada momento, o una religiosa del Cottolengo que su vida es cuidar enfermos y rezar? ¿Quién es más libre?

 

 

La pregunta nos remite a otra pregunta: ¿Qué es la libertad? Si la libertad es poder escoger, hacer lo que me da la gana, parece que sería más libre el joven: tiene más caminos delante suyo, puede hacer más cosas. Pero, definir la libertad como poder escoger, hacer lo que nos da la gana, nos lleva a algunas incongruencias:

 

.  El hombre bueno, el hombre santo, que es incapaz de hacer el mal, no sería libre.

.  Dios mismo, incapaz de hacer el mal, no sería libre.

. Yo, antes de  mi conversión, jugaba a fútbol, era defensa, y era un defensa un poco duro. En el seminario estuve jugando cinco años a fútbol y no hice nunca una falta voluntaria. ¿Quiere decir que ahora soy menos libre que antes porque ya no puedo hacer faltas?

 

Ya vemos que definir la libertad como poder escoger, hacer lo que me viene de gusto, chirría por todas partes.

 

¿Y cómo definiremos la libertad? La libertad es la capacidad de hacer el bien, la capacidad de amar. Como dice San Pablo: “Amarás al prójimo como a ti mismo“. ¿Quién es más capaz de hacer el bien, el joven o la religiosa? La religiosa. Con esta definición quien es más libre es la religiosa.

 

La libertad no es un absoluto en sí misma, la libertad es necesaria que tenga una finalidad, un objetivo: ¿Para qué la libertad? Para amar. Sólo una libertad que se orienta para ser más capaz de amar es una libertad verdadera.

 

Todo esto es lo que nos ilumina San Pablo cuando dice: “No una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor”. Cuánta sabiduría en pocas palabras...

 

La libertad no es hacer lo que me viene de gusto, sino servir a los demás por amor. Qué definición de libertad más bonita la que hoy nos da San Pablo.

 

Esto lo ha entendido muy bien nuestro hermano César, que hoy celebra veinticinco años de casado con María José, a la que ha cuidado durante quince años, al estar ella enferma. Si la libertad fuera hacer lo que me apetece, César habría sido un esclavo... Pero si la libertad se orienta a amar, entonces César ha sido libre. Amando a María José ha crecido en libertad.

 

Ahora se entienden mejor las palabras que decía al principio: Cristo es la fuente de donde mana la libertad. El pecado es esclavitud. Cristo es la libertad. Cristo es el que nos da su espíritu y nos permite liberarnos de nuestros egoísmos, de nuestras perezas, de nuestros vicios, de nuestros pecados de omisión y así amar verdaderamente a Dios y al prójimo.

 

Antes a los novios había una sesión en la que separaba chicos y chicas... y en un momento de la sesión preguntaba a los chicos: “¿casarte te da alas o te corta las alas?”. Primero silencio, luego “te corta las alas, claro… no puedes quedar con tus amigos, la cervecita, el bar, el fútbol,… te corta las alas...”. Y entonces yo les explicaba cómo debían entender la libertad... Y ellos mismos acababan concluyendo: “pues casarnos nos hace más libres, porque nos capacita para amar y darnos al otro”...

 

Llegar a ser libres es una tarea que tenemos encomendada, nacemos con poca libertad y es con  nuestras decisiones, con nuestra lucha contra “los caprichos de la carne”, contra el “me apetece”, que llegamos a ser verdaderamente libres.

 

Cuando Jesús nos pide un seguimiento radical, como hoy hace en el evangelio, es porque sabe que seguirlo es encontrar la verdadera felicidad, la verdadera libertad, que nos llena el corazón de paz y amor. Amén.






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