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III Domingo de Cuaresma


Sat, 23 Mar 2019 21:37:00

En esta escena Jesús es interpelado por unos hechos dramáticos: el homicidio en el templo, de algunos galileos, por orden de Pilato, y la caída de la torre de Siloé, que mató a dieciocho personas. En aquel tiempo la manera de entender estos hechos, es como un castigo divino por los pecados de aquellas personas. Han pecado, Dios les ha castigado. Jesús reacciona contra esta concepción. Porque él cada día hace experiencia de Dios Padre misericordioso. Y, entonces, invita a hacer una lectura diferente de los hechos, situándolos en una perspectiva de conversión: estos hechos no os han de llevar a pensar que vosotros sois más buenos que éstos que han muerto, porque “si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. No os creáis buenos, os hace falta la conversión...

 

Sus palabras se dirigen también a nosotros. También en nosotros hay esta tendencia a creernos buenos no necesitados de conversión.

 

Os propongo profundizar las palabras de Jesús en esta escena, a partir de cuatro niveles: (que expliqué hace poco en la catequesis de adultos).

 

Nivel 1: Ideas del Cristo: ¿Qué dice Jesús? ¿Qué ideas me comunica? Hace falta convertirse. No os creáis buenos, os hace falta la conversión. Convertirse quiere decir girarse, orientarse hacia Dios,. Estamos muy pendientes de las cositas del mundo. Hemos dado la espalda a Dios y ahora nos hace falta girarnos, orientarnos hacia él. Ponernos y poner nuestra vida a  su presencia...

 

Nivel 2: Vida del Cristo. ¿Cómo vive Jesús esto que nos comunica? Cristo vive convertido, o sea, orientado al Padre, pendiente del Padre, su alimento es hacer la voluntad del Padre. Constantemente lo contemplamos rezando, dialogando con el Padre. Por tanto, Cristo vive referenciado al Padre, amando al Padre. En este nivel entramos en contacto con la vida de Cristo, con Cristo mismo.

 

Nivel 3: Sentimientos del Cristo. Procuremos entrar en el corazón de Cristo. ¿Qué sentimientos /deseos /certezas lo llevan a manifestarse o actuar como lo ha hecho?

 

Sentimientos: El primero que encontramos siempre es el amor. Es porque nos ama que nos llama a la conversión, es porque nos ama que nos pide que demos fruto.

 

Deseos: Jesús desea que cambiemos de vida, que vivamos la vida de otra manera. Y lo desea porque es un bien para nosotros, ¡por eso lo quiere!

 

Una certeza habita en su corazón: si no nos convertimos vamos hacia la muerte. Es necesario este cambio.

 

Nivel 4: Dirijamos los sentimientos del Cristo hacia nosotros. Y lo hacemos por dos motivos: 1) La Palabra de Dios se dirige a cada uno. Las palabras que cada domingo escuchamos en el evangelio se dirigen a cada uno. 2) El segundo motivo para dirigir a nosotros lo que hay en el corazón de Cristo, es que cada uno de nosotros estaba en el corazón de Cristo cuando él decía las palabras que hoy hemos oído. Éramos en su corazón, nos tenía presentes a nosotros. ¿Cómo puede ser? No lo sabemos, pero, sabemos que en el corazón humano de Jesús, éramos todos presentes. ¡Qué maravilla, qué bonito! Nunca no lo meditaremos bastante.

 

Y todo esto que hemos dicho, traducido a la escena que estamos contemplando, quiere decir que Jesús nos dice hoy a nosotros: “conviértete porque te amo, tú puedes vivir la vida de otra manera, es posible, es necesario un cambio, entonces, darás fruto y tu vida tendrá sentido. Te ofrezco este tiempo de gracia. ¿Quieres vivir la vida plenamente? Conviértete.”

 

Y ante esto, nosotros ¿qué haremos? ¿Seguiremos como siempre? ¡No! No podemos ignorar la palabra que Cristo nos dice hoy.

 

A través de estos cuatro niveles hemos entrado en comunión con la persona de Jesucristo: hemos visto las ideas que nos comunica, hemos contemplado como él mismo las vive, hemos entrado en el corazón de Cristo para descubrir  sus sentimientos y hemos dirigido estos sentimientos hacia nosotros porque la Palabra de Dios se dirige personalmente a cada uno. 

 

En la segunda parte del evangelio, hemos escuchado la parábola de la higuera que no da fruto. El evangelista, al presentar estos dos textos uno detrás del otro, hace una firme vinculación entre la conversión y el dar fruto.

 

Si te conviertes, darás fruto… El propietario de la viña al no encontrar fruto la quiere cortar, pero, el viñador le responde: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto”.

 

El viñador es Jesucristo que en esta Cuaresma nos quiere “cavar” y “echar estiércol” para que nosotros demos fruto abundante...  ¿Le dejamos que nos trabaje? ¿Vamos viviendo las prácticas cuaresmales? ¿Las palabras “penitencia”, “ayuno”, “oración”, “limosna”, “mortificación”, son presentes en nuestra vida cuaresmal?

 

Que el encuentro con Jesús: con sus ideas, con su vida, con sus sentimientos nos llene de deseos de convertirnos...

    

 






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