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IV Domingo del Tiempo Ordinario

 
Sun, 31 Jan 2016 19:02:00

CAMINEO.INFO.-

JEREMÍAS 1,4-5.17-19
SALMO 70,1-2.3-4a.5-6ab.15ab.17
CORINTIOS 12,31–13,13
LUCAS 4,21-30


Empiezo con una anécdota referida a la primera lectura y al Papa Francisco. El Papa Francisco, cuando era arzobispo de Buenos Aires una vez al mes rezaba con cinco pastores de diversas iglesias evangélicas. Dos meses después de su elección como Papa, cuatro de ellos estaban por diversos motivos en Europa y los invitó a ir al Vaticano, y el quinto también vino de Buenos Aires para poder participar del encuentro.

Un encuentro amigable, alegre, donde le explicaban los cambios que se habían producido en Buenos Aires, desde que él era Papa. En esto, que uno de ellos le dice: “Jorge, déjame que te cuente una cosa. Anoche estaba rezando por este encuentro y dije: “Señor si tienes una Palabra para Jorge, decíme cuál es”.

Pedir una Palabra es muy habitual en la tradición evangélica y carismática católica. Significa invocar al Espíritu Santo, para que inspire a una persona a escoger un capítulo y un versículo de las Escrituras. De manera que el texto escogido sea luminoso. Se puede pedir una Palabra para uno mismo. Se puede pedir una Palabra para otra persona. Y la Palabra, habitualmente, la encuentras abriendo la Biblia al azar.
Este pastor evangélico saca su iPad y lee el capítulo primero de Jeremías: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones... Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar”.

Y otro pastor, sorprendido, saca la fotocopia de este mismo texto, porqué él también había recibido la misma Palabra para el Papa.

Y el Papa se pone a reír y les dice: “Les voy a contar ahora lo que me pasó a mi”. Dos días antes de salir de Buenos Aires para ir al cónclave. Un hombre que trabajaba en la curia diocesana fue a verle y le dijo: “Padre, discúlpeme. Ayer estaba orando por usted y Dios me dio una palabra: Jeremías, capítulo I”.

Todos quedaron sorprendidos. Y parece que el tono profético de este Papa se va confirmando.

Dos enseñanzas: a) Recemos mucho por el Papa, por su discernimiento, por sus intenciones. Todos vemos que hace falta cambiar cosas... Hace falta mucha inspiración del Espíritu Santo para poderlo hacer.
Este Papa profeta ha levantado banderas como la de los pobres, la de la ecología, la de los necesarios cambios en la economía, la de la conversión de las estructuras pastorales, la de vivir un cristianismo más auténtico y no tanto de fachada y superficial. Banderas que implican unos cambios que no son fáciles, que cuestan de aceptar. Seguir las exhortaciones de un profeta cuesta. Si quieres una vida tranquila no escuches a los profetas.

Lo vemos hoy en el evangelio. Jesús se presenta como profeta. Y el pueblo reacciona desde la incredulidad. Entonces, Jesús pone el ejemplo de otros profetas que han sido rechazados por el pueblo de Israel. ...Jesús viene a decir: “Estáis haciendo conmigo lo que habéis hecho con Elías y Eliseo. Rechazarlos y hacer que tengan que actuar fuera de su pueblo”. Y esto enfada mucho a la gente, porqué no quieren aceptar a Jesús como profeta. “¿No es el hijo de José, éste?”

¡No es fácil descubrir profetas en nuestra vida! ¡No es fácil acoger la enseñanza de esos profetas! Dicen cosas que no nos gusta escuchar. Ponen muchas veces el dedo en la llaga. Sus enseñanzas nos desinstalan, nos mueven al cambio. No es fácil acoger lo que dicen, pero la vida verdadera la encontramos siguiendo sus enseñanzas. ¡Si quieres una vida tranquila no escuches a los profetas!

B) Como segunda enseñanza de la anécdota que explicaba: hacemos nuestra esta tradición de pedir, en ciertos casos, una Palabra. Porqué Dios habla y quiere hablar a nuestras vidas. Tienes un problema... pide una Palabra... Hay un familiar que no sale del aprieto, pide para él una Palabra. Has de tomar una decisión difícil... pide una Palabra...

Que esta eucaristía nos ayude a acoger las palabras de los profetas.






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