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Domingo XXVII del Tiempo Ordinario


Sat, 06 Oct 2018 21:30:00

CAMINEO.INFO.-


Quizás alguien se haya preguntado: De Moisés siempre nos han hablado muy bien… ¿Cómo es que  permitió el divorcio? ¡Expliquémoslo!

 

En tiempos de Moisés lo que ocurría es que había hombres que abandonaban a sus mujeres y entonces las mujeres quedaban en una situación de abandono, muy vulnerables, no amparadas legalmente.

 

Moisés ante esta situación, provocada por la dureza de corazón de esos hombres, dice que el hombre que abandona a su mujer le dé un documento de divorcio. Gracias a este documento la mujer queda más protegida, con una situación definida. Por lo tanto, la ley de Moisés es una ley para proteger a la mujer. Lo que ocurrió es que el judaísmo corrompió el auténtico sentido de la ley. Y lo que era una defensa de las mujeres abandonadas se convierte en una ley en contra de ellas porque se acaba interpretando que el hombre puede divorciarse de la mujer por cualquier motivo.

 

Segunda idea: Las palabras de Jesús al decir “al principio”, nos remiten a la intención original del Creador. Jesús viene a decir esto del matrimonio: no depende de las leyes humanas, esto depende de la intención del Creador, esto depende de la ley natural  escrita en la naturaleza del hombre. Una cosa mala la ley no la hace buena, la hace legal, no buena.


Tercera idea: En estas dos cosas que he dicho, hay un hecho que nos podría pasar desapercibido: Dice Jesús: “...dejó escrito Moisés este precepto”. (se está poniendo por encima de Moisés, continúa...)  “Al principio...” Expresiones que nos remiten a la intención original del Creador. ¡Dos hechos muy significativos!

 

Este ponerse por encima de Moisés y esta expresión “al principio”, los podríamos considerar como dos pequeños signos que apuntan hacia la divinidad de Jesús.

 

¿Por qué digo esto? De la existencia histórica de Jesús, nadie con un poco de formación, duda. Donde sí  pueden haber dudas es la identidad de Jesús como Hijo de Dios... Y la identidad de Jesús como Hijo de Dios es un tema capital para entender y vivir el cristianismo.

 

Por esto, me gusta destacar aquellos pequeños signos que hacen razonable, creíble, que apuntan en esta dirección.

 

Continuemos con la primera lectura y el evangelio. En el Antiguo Testamento se permite el divorcio y la poligamia. Llega Jesús y dice “una con uno y para siempre”. Y sus discípulos dicen: “si es así más vale no casarse”. No le entienden. ¿Qué es lo que ocurre? Pues que con Jesús se introduce una novedad radical (radical viene de raíz) con Cristo surge el hombre nuevo, la mujer nueva, que es capaz de amar al otro para siempre y además de modo que les realice como personas y les haga alcanzar su plenitud personal.  Dice el Concilio Vaticano II: “Cristo sale al encuentro de los esposos por el sacramento del matrimonio”.

 

Cristo quiere fortalecer, dignificar, sobrenaturalizar el amor humano de los esposos. Matrimonio es cosa de tres. Los esposos han de abrirse a esta acción de Cristo en sus vidas. Cristo quiere hacer camino con los esposos, pero éstos han de abrirse a su acción. El matrimonio se convierte en un camino para unirse a Cristo.

 

Por qué hay tanto fracaso matrimonial, tanto divorcio y tanta infidelidad, porque le gente vive en el Antiguo Testamento y no se han encontrado con Cristo. Y en el Antiguo Testamento ya sabemos lo que hay: divorcio y poligamia.

 

Qué imagen del amor más bonita y poética nos daba la primera lectura y el evangelio… los esposos llamados a formar “una sola carne”. Ya no son dos individuos, sino una sola realidad. Ya no se hace una valoración individual de las cosas, sino tenemos presente al otro, la nueva unidad que ha surgido. Y esto es posible cuando ya no se buscan a ellos mismos sino que buscan el bien del otro. Hay un acto de donación constante.

 

El otro vale tanto, le amo tanto, que le entrego todo lo que soy, lo mejor de mi corazón. Amor = entrega. En el amor verdadero el importante no eres tú, sino el otro. Yo en las bodas les digo: “no os casáis para ser felices, (y me callo) os casáis para hacer feliz al otro, que es muy distinto.”

 

Nada a ver la convivencia entre dos personas que se buscan a sí mismas, tendencia egoísta que todos llevamos dentro. Y la convivencia de dos personas que buscan hacer feliz al otro. La primera es un infierno. La segunda un trocito de cielo.






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