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Domingo XXV Tiempo Ordinario


Sun, 23 Sep 2018 12:27:00

CAMINEO.INFO.-


Sorprende mucho, o nada, depende cómo se mire, que aquellos que hace tres días estaban pescando sardinas en el lago, un tiempo después discutan quién será el más importante” en el reino de Jesús. Es sorprendente, pero, a la vez, ¡¡tan, tan habitual!! Todos somos así, no nos engañemos... Es nuestra tendencia natural, que es una tendencia de muerte. Y es una tendencia fortísima contra la que tenemos que luchar. Es la tendencia al egocentrismo, a estar centrados en nosotros mismos, es el egoísmo, el yo, yo, yo...  es el deseo de honores, de aplausos, de felicitaciones, es el deseo de poder, gloria, admiración,...

 

Y Jesús viene para transformar esta tendencia de muerte, estos “no valores”, y comunicarnos una tendencia de vida: la donación a los demás, el servicio a los demás, sobre todo a los pobres... qué volteo a las categorías del mundo.

 

Lo hemos escuchado muchas veces, pero, volvámoslo a escuchar: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Y después pone un niño, símbolo de la debilidad y la fragilidad, en el centro, pidiendo que sea acogido como si fuera Él mismo.

 

Antes de pasar a desarrollar las palabras de Jesús, admirarnos de la belleza de sus palabras: ¿quién ha hablado así? ¡Cuánta sabiduría! ¡¡Qué contenido, qué profundidad!!... ¡a quién estamos siguiendo!... Emociona seguir alguien que habla así... Qué palabras tan llenas de sentido, de proyecto, de implicación en la vida ordinaria, enlace con aquello que nos hace verdaderamente humanos...

 

¡¡Cuánta belleza!! Que nos genera a nosotros adhesión a su persona, a seguirlo, a poner medios para estar cerca, ¡como venir a misa!

 

Vale decir también que son palabras que nos tendrían que generar un poco de tristeza... Tristeza porque muchos y muchas que nos rodean no escucharan estas palabras llenas de luz, de sabiduría y de verdad. ¡Tristeza!

    

Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Jesús no nos da lecciones poéticas y bonitas. Jesús nos expone lo que vive, lo que experimenta. La suya es una vida de ocupar el último lugar y llegar a ser servidor de los demás, de la Humanidad entera. Siendo Dios se ha abajado y se ha hecho hombre, y servidor de los hombres. Hasta el punto de lavar los pies a los discípulos para que entendieran claramente la idea, hasta el punto de morir en la cruz...

 

Jesús nos muestra que la verdadera grandeza está en servir, con amor. No servir porque es mi obligación, porque me toca, sino servir con amor y con alegría.

 

Os propongo que en la oración personal… entréis al corazón de Jesús cuando dice estas cosas... ¿qué  os parece que encontraréis? Jesús dice “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”... ¿qué hay en su corazón? Yo encuentro el gozo de servir, la alegría de servir, la felicidad en el servicio, en el darse a los demás. Y por esto, enseña lo que enseña.

 

Servir con amor nos hace crecer como personas, porque amar es lo que nos hace personas. Bernanos, en “Diario de un cura rural”: “El infierno es no amar”.

 

¿Somos serviciales? ¿Llegamos a ser servidores de los demás? ¿Servimos con amor? ¿Servimos con alegría? ¡¡Pidamos la gracia de crecer en servicio!!

La segunda idea nace de este gesto de Jesús tan entrañable y sorprendente a la vez: Después de haber estado discutiendo por el camino, quién era el más importante, Jesús hizo venir un niño, lo pone en el centro, y dijo: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”. Profundicemos un poco esta afirmación:

 

    .   En tiempo de Jesús, los niños no contaban, no tenían derechos. Son símbolo de debilidad y fragilidad.

    .   Jesús pone al niño “en medio”. Es un gesto simbólico, en el centro …

    .   Jesús identifica acoger al niño, como acogerlo a Él y como acoger a Dios mismo.

 

La enseñanza es clara: Es necesario poner en medio, en el centro de nuestra vida, al que no cuenta, al pobre, al débil... Esto nos pide descentrarnos: ¡¡no nos miremos tanto, miremos más a los demás, a los pobres!!  Enlaza perfectamente con todo lo que decíamos del servicio.

Y para dar fuerza a la propuesta Jesús acaba diciendo: ¡¡Quien acoge un niño, un pobre, un débil, me está acogiendo a mí, está acogiendo a Dios...!!

 

Ante textos como éste, vemos que tenemos camino para hacer... Cuando meditemos evangelios como éste, pidamos la gracia de vivirlos. Son pura gracia. Inalcanzables para  nuestras fuerzas... Pidamos la gracia en unos momentos de silencio...






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