CAMINEO.INFO.- Bilbao/ESPAÑA.- Los repartos de comida para la gente sin recursos comienzan a ser algo habitual en Vizcaya. Muchas familias comen gracias a ellos. La necesidad se palpa en el ambiente. A las tres de la mañana ya hay gente en la cola para el reparto de comida que se realiza los miércoles y los viernes, a partir de las once de la mañana, en la iglesia San Felicísimo de Deusto. "Si no estás de los primeros luego no hay casi nada", explican dos mujeres nicaragüenses que aguardan en la fila desde las cinco de la mañana. Cada día de reparto acuden unas 100 personas. Eso sí, los que van el miércoles no podrán ir el viernes. "Sólo un día a la semana" es la norma.
En la fila hay de todo. Mujeres sudamericanas, jóvenes magrebiés y de un tiempo a esta parte oriundos de Vizcaya. Todos hacen gala de una educación exquisita. Responden con sinceridad cuando les preguntan cuantos son: "uno" dice un joven magrebí mientras extiende su bolsa para que se la llenen con el equivalente a un comensal. No piden nada, sólo dicen "sí" cuando les preguntan si quieren que les pongan alguna cosa como yogures o kiwis. Aguardan a que les llenen las bolsas y se marchan con ellas.
"Tres" dice Begoña. ¿Cuántos niños? "Dos. De catorce y de cuatro años". Dentro de la pobreza de la mercancía que se reparte, los voluntarios intentan meter alguna golosina en las bolsas de los hogares en los que hay niños: A Begoña le meten cuatro yogures de fresa y un paquete con unos bollos. Una caja de vainas, mandarinas, dos barras de pan, tomates y una botellas de Kas de limón light completa el lote. Los alimentos son donaciones de MercaBilbao y Eroski a través del Banco de Alimentos.
Joseba, de 24 años, viene desde Santurtzi con una bolsa de deporte donde mete las bolsas. Es soldador-calderero pero un accidente laboral le dejó de baja hace un año. Ahora la mutua no quiere seguir pagándole y ahí anda "entre médicos y abogados". Sin nada y con una hija de cuatro años. A él también le meten unos yogures.