CAMINEO.INFO.- Madrid/ESPAÑA.- El Instituto de Derecho Canónico ‘San Dámaso’ celebró el miércoles la festividad de San Raimundo de Peñafort, patrono de los canonistas.
El Aula Magna del Seminario Conciliar acogió el acto académico, que comenzó a las 12,00 horas con la presentación del mismo a cargo del Director del Instituto, Roberto Serres López de Guereñu. A continuación, el Vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, Mons. Octavio Ruiz Arenas, disertó sobre ‘La formación sacerdotal en América Latina’.
Mons. Ruiz Arenas comenzó su exposición comentando haciendo referencia al ministerio presbiteral a la luz de Aparecida –el documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano- y de las recomendaciones de la CAL -formada por algunos representantes del Episcopado de Hispanoamérica- para la formación sacerdotal, manifestando que “tenemos que mirar la realidad como discípulos misioneros, dejándonos interpelar por el Espíritu Santo para que nos ilumine a la hora de discernir los signos de los tiempos”. El siglo XX, dijo, sufrió grandes transformaciones y paradojas, unos cambios que “han incidido en la política, la economía, la educación en la percepción del mundo y en nuestro sentirnos y ser Iglesia”.
En su ponencia abordó el tema de los presbíteros “llamados a responder como Discípulos-Misioneros de Cristo”, y “Discípulos-Misioneros en comunión”, resaltando que lo que permite que el discipulado desemboque en la misión es el amor, porque tenemos la necesidad de poner los carismas al servicio de los demás para que circule la caridad. También habló de los presbíteros como “hombres de Dios al servicio de sus hermanos”, haciendo hincapié en los sacerdotes como un don de Dios al servicio de la comunidad, sin los cuales no se podía obedecer al mandato de Jesús. Llevarlo a cabo, dijo, exige valentía, decisión y una clara conciencia de su identidad vocacional.
Para Mons. Ruiz Arenas, la primera exigencia para un sacerdote “es que sea un auténtico discípulo de Cristo, enamorado del Señor, porque sólo así podrá renovar la comunidad que se le ha encomendado”. Hoy “se requiere que el sacerdote haga una conversión personal… con creatividad y alegría, para que encuentre sentido a lo que hace”.
También ofreció algunos datos sobre la realidad sacerdotal en América Latina, señalando que el desafío pastoral es muy grande frente al potencial vocacional que tiene América Latina, ya que la mitad de su población está constituida por jóvenes.
Concluyó su intervención con unas recomendaciones pastorales de la Pontificia Comisión para América Latina, de la que es Vicepresidente, resaltando la importancia de la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral en los seminarios, ya que “el seminario debe ser casa y escuela del discipulado”. Así mismo, sugirió que los obispos “promuevan y apoyen la Pastoral Vocacional”.
El acto fue clausurado por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio MŞ Rouco Varela, quien agradeció al Vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina el haber ayudado a los presentes “a conocer el trasfondo teológico y pastoral de la Asamblea del Episcopado Latinoamericano y de la CAL, con datos sociológicos que han cuadrado la exposición, la introducción y el conocimiento de Aparecida, nos han enseñado el documento de Aparecida y nos han situado muy claramente en el centro de esa preocupación pastoral primaria que es la de la Pastoral Vocacional, la de la formación de los sacerdotes en presente y en futuro. Todo ello, en el marco de la Doctrina de la Iglesia, teniendo en cuenta la importancia de la formación sacerdotal”.
“Nos ha enriquecido a todos, dijo, sobre todo a los canonistas, ya que el Derecho Canónico es imprescindible para que todos estos proyectos de presente y de futuro, en relación con el bien de las vocaciones y la buena formación de los sacerdotes, puedan llevarse a cabo”.
Las líneas doctrinales, espirituales y pastorales son claras, aseguró el Arzobispo de Madrid, añadiendo que hoy “no se puede vacilar ni en términos de iglesia universal ni en términos de iglesia latinoamericana, y urge ponerlo en práctica”. Para ello, concluyó, “las canonistas son una ayuda no sólo de conveniencia, sino imprescindibles”.