CAMINEO.INFO/INFOMADRID -Madrid/ESPAÑA- El pasado lunes, 29 de junio, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, fue recibido por el Presidente de la República de Siria, país al que acudió como Enviado Pontificio del Papa Benedicto XVI para la clausura de este Año Paulino en Damasco.
En sus palabras de saludo, el Cardenal recordó que “desde los orígenes del cristianismo esta tierra ha sido protagonista del nacimiento y del desarrollo de la vida de numerosas comunidades cristianas. En esta ciudad, el Apóstol de las Gentes recibió el santo Bautismo, lo cual hace que Damasco y Siria sean particularmente amados por los cristianos”. Y señaló que “la comunidad cristiana no ha cesado de participar en estos dos mil años, en modos diversos, en la vida social y cultural de la nación”.
Recordó la visita de Juan Pablo II a Siria, en el año 2001, en la que afirmó que “hoy, en un mundo cada vez más complejo e interdependiente, es necesario un nuevo espíritu de diálogo y cooperación entre cristianos y musulmanes». Para el Cardenal, “esta cooperación entre musulmanes y cristianos tiene su ámbito propio en la vida social y civil de nuestros pueblos. La fe que profesamos, en efecto, no nos separa de las circunstancias que los hombres de nuestro tiempo están llamados a vivir, sino que nos empuja a colaborar con todos para instaurar una vida social en la que la libertad y la justicia fomenten concretamente el bien de la paz. La fe religiosa no es un obstáculo para una participación plena en la vida pública, sino que, por el contrario, constituye la fuente de una responsabilidad más consciente y capaz de actuar”.
“La presencia y la convivencia efectiva en esta tierra de los hombres del Islam y del Cristianismo manifiestan con claridad la centralidad de la libertad religiosa en la vida social y pública de nuestros pueblos”.
Afirmó que “la libertad religiosa es el núcleo y el emblema de todos los derechos humanos. Se trata de una dimensión personal y social, individual y comunitaria, que es vivida por cada fiel en profunda unidad. La defensa de la libertad religiosa en todo el mundo es un campo privilegiado de colaboración y trabajo común entre cristianos y musulmanes”.
Citó a Benedicto XVI, en su discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva Cork, el 18 de abril de 2008, en el que dijo que “pertenece a la naturaleza de las religiones, libremente practicadas, el que puedan entablar autónomamente un diálogo de pensamiento y de vida. Si también a este nivel la esfera religiosa se mantiene separada de la acción política, se producirán grandes beneficios para las personas y las comunidades». Y concluyó afirmando que “a esta apasionante aventura del encuentro y del diálogo nos convoca el único Dios, clemente y misericordioso”.