CAMINEO.INFO/INFOMADRID -Madrid/ESPAÑA-En su habitual alocución en el informativo diocesano de la Cadena COPE, el pasado domingo, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, habló desde Damasco (Siria), donde se encuentra como enviado papal para la clausura del Año Santo Paulino. Explicó que habían comenzado los actos de la clausura el pasado sábado, 27 de junio, “con la celebración en la casa de Ananías, ese lugar de la ciudad de Damasco quizá más paulino, el más identificable desde el punto de vista arqueológico-histórico, en la famosa calle Recta de Damasco. Ha sido una celebración muy emocionante, en la que han concelebrado obispos que representaban a muchas conferencias episcopales de Europa, América latina y África, y un pequeño grupo de fieles”. Para el Cardenal, “el recuerdo del Apóstol que recibe allí, con el bautismo, su incorporación plena al Cristo que le había tocado el corazón y le había cambiado la vida en el camino de Damasco, cuando se disponía a perseguir a los cristianos de la primera y pequeña comunidad de Damasco, que tenía en la casa de Ananías su lugar de reunión y celebración eucarística,… nos ha colocado en un contexto de fe muy hermoso para las celebraciones del día”.
Ese mismo día tuvo lugar un acto académico, celebrado “dentro de una cierta sencillez”, en el que el Cardenal habló “de tres temas: la presencia paulina en la cultura y en la historia de Siria, la relación con el mundo musulmán, y la importancia del discurso del Santo Padre sobre Re y Razón, tanto para conseguir ese diálogo interreligioso de forma fecunda, como para proyectar ese diálogo y aprovecharse del diálogo interreligioso en relación con la transformación cristiana de las realidades temporales… Un discurso en el que el pensamiento del Papa Benedicto XVI ha estado muy presente”, añadió.
Siria, precisó, “es quizá el país del medio Oriente donde la presencia cristiana es más fuerte, incluso visiblemente en los templos, en los edificios…; y donde el estatuto jurídico de la iglesia goza de una mayor libertad, y es muy aceptable. Y, naturalmente, donde, incluso teniendo en cuenta las muchas detenciones de las autoridades civiles, se puede desarrollar la vida de la iglesia con una cierta riqueza interna y una cierta proyección externa”.
El Año Santo Paulino, precisó, “ha venido muy bien a la hora de profundizar en la experiencia cristiana que, en definitiva, se centra en el encuentro con el Señor, en dejarse ganar y fascinar por Él, y decírselo después en la Iglesia, de manera que se convierta no sólo en una experiencia subjetiva, sino en un modelo de nueva humanidad, de cuerpo de Cristo como decía el mismo San Pablo cuando hablaba de la relación Cristo-Iglesia. Esa fórmula de experiencia cristiana, donde no se puede separar a Cristo de la Iglesia, porque el Cristo glorioso vive en la historia prolongándose a través de su cuerpo desde la Iglesia, y que es de muchísima importancia para el presente y el futuro de la Iglesia. Aquí, en este lugar de viejas y primerísimas raíces cristianas, el mundo cristiano se encuentra en un momento de encrucijada, desde el punto de vista de la historia”. Afirmó que “es una gracia grande poder celebrar aquí, en Damasco, la clausura del Año Paulino, en estas tierras decisivas de la persona de Pablo y de toda su historia cristiana y apostólica”.
Respecto al Año Jubilar Sacerdotal que acaba de empezar, resaltó “cómo en la herencia cristiana de la tradición de la liturgia bizantina, tanto en la Iglesia griega unida como en la ortodoxa, el papel del sacerdote es decisivo. Se ve en las visitas que hemos hecho en las Iglesias católicas como en las de los hermanos ortodoxos, que nos han recibido fraternalmente; se ve la importancia del sacerdote como el que encarna y hace a Cristo presente para que la Iglesia pueda ser Cuerpo de Cristo. Sobre todo, en torno al sacramento de la Eucaristía”. “Por eso, concluyó, el Año Sacerdotal enriquecerá mucho, por supuesto con la figura de San Juan María de Vianney, por supuesto recordando a San Juan de Ávila, y también a San Pablo”.