CAMINEO.INFO / Barcelona / ESPAÑA.- La cobertura de la nave central del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia es una ocasión inmejorable para una visita de Su Santidad Benedicto XVI. La idea es perfecta porque pone de relieve el verdadero carácter de la Sagrada Familia, oculto bajo la dimensión arquitectónica y el atractivo turístico.
Por si la afluencia de millones de visitantes al año y la descontrolada actividad comercial y de ocio no fuera suficiente, alrededor y debajo del templo se construyen las obras del AVE, un alarde innecesario de ingeniería dadas las alternativas de trazado que existían, tanto por el litoral como por el Vallés. Y por si no fuera suficiente, la constante polémica, alimentada por las élites progresistas, sobre la calidad y la idoneidad de la obra, sumado a ello en los últimos tiempos el proceso de beatificación del arquitecto Gaudí.
En ese enrevesado contexto, la visita papal ya se antoja de por sí complicada, pero no sólo es la Sagrada Familia y su degradado entorno (más presente en las guías rosas que en los itinerarios espirituales sin que ninguna Administración parezca contemplar dicha circunstancia como algo de su competencia) sino la pasividad, cuando no contrariedad, mostrada por las autoridades políticas ante la intención del Patronato del Templo de invitar al Papa a visitar Barcelona y la Sagrada Familia.
Con el clamoroso silencio, tanto la Generalitat como el Ayuntamiento no ayudan precisamente a que el Vaticano contemple con buenos ojos la posibilidad de un viaje, más cuando son muchas las ciudades que tratan de lograr el favor de Benedicto XVI, bastantes más que las que optan a los Juegos de Invierno, probablemente porque los beneficios, incluso los económicos son más importantes, sobre todo comparados con la inversión necesaria para una cosa y otra.
Pese a las dificultades, no sería de extrañar que a última hora, el Papa decidiera modificar su agenda e inaugurar la nave central de la Sagrada Familia, una obra magna que si resiste el acoso del AVE se convertirá en una de las mayores expresiones de la fe y de la modernidad, en un ejemplo de constancia y excelencia, en la obra cumbre de uno de los genios más importantes de la arquitectura mundial de todos los tiempos y en el símbolo de una ciudad católica pese a todo, vertebrada en torno a iglesias como la Basílica de Santa María del Mar, a una Catedral Gótica que acaba de recuperar el esplendor de su fachada, a la propia Sagrada Familia y que está a punto de celebrar la beatificación del capuchino Josep Tous i Sole, el próximo 25 de abril, con la presencia del secretario de Estado del Vaticano, Tarsicio Bertone.