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Portada:: Habla el Obispo:: Monseñor Carlos Osoro Sierra:: Gracias, Santo Padre, por tu magisterio y tu caridad

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Gracias, Santo Padre, por tu magisterio y tu caridad

 
Mon, 15 Nov 2010 10:01:00

CAMINEO.INFO -Valencia/ESPAÑA- Muchas cosas hemos sentido estos días los españoles y hay dos perspectivas complementarias que me mueven, y conmueven, a agradecer tu presencia: tus palabras llenas de verdad y de vida, que en tu modo de pronunciarlas imprimían al corazón de todos los que las hemos oído un ritmo nuevo en nuestra manera de hacer y de vivir; también tu caridad, ¡cuánto amor has derramado sobre nosotros! Y es un amor que viene del Señor y que se manifiesta en tu mirada, en tus gestos, en tus indicaciones, en tu cercanía a las gentes. Ciertamente, eres muy consciente de las necesidades fundamentales de todos los hombres y pones un empeño especial con tu testimonio, por hacer oír tu voz que resuena en el corazón como un suave bálsamo que cura lo más íntimo del ser humano. Gracias por haberte acercado a España a decirnos lo que más necesitamos en estos momentos de nuestra vida personal y como pueblo que camina en esta hora de la historia.

Cuando ya casi estabas terminando la estancia con nosotros en España, ¡qué testimonio y qué palabras más hermosas las que nos dijiste en la Obra Benéfico-social del Nen Déu! Reconocer cómo la Iglesia, a través de obras como ésta que visitabas, donde se cuida a enfermos y discapacitados, “se pone de manifiesto que, para el cristiano, todo hombre es un verdadero santuario de Dios, que ha de ser tratado con respeto y cariño, sobre todo cuando se encuentra en necesidad”. Decías, Santo Padre, estas palabras, después de ver yo con mis propios ojos, cómo paseaste acariciando a cada uno de los niños y jóvenes que allí estaban y saludando a sus familias, a los profesores y religiosas, con esa mirada que decía y sentía aquellas palabras del Señor: “os aseguro que cuanto hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).

Siempre emerge de tu vida, Santo Padre, la preocupación por el hombre. No podía ser de otra manera para el Vicario de Cristo. Por eso al llegar a la Catedral de Santiago de Compostela, nos dijiste con tanta fuerza aquellas palabras a los hijos de la Iglesia: “Mediante la fe, somos introducidos en el misterio de amor que es la Santísima Trinidad. Somos, de alguna manera, abrazados por Dios, transformados por su amor. La Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos, descubriendo en ellos la imagen y semejanza divina, que constituye la verdad más profunda de su ser, y que es origen de la genuina libertad”. ¡Con qué precisión más honda nos señalaste que en el abrazo que Dios nos da, aprendemos los hombres a abrazar a todos nuestros semejantes! ¡Qué necesidad más grande la que nos comunicas y alientas entre nosotros! ¡Qué descubrimiento más impresionante el que nos haces percibir, al descubrir que entre verdad y libertad hay una relación muy estrecha y muy necesaria, de tal manera que no se puede vivir la una sin la otra!

¡Qué belleza adquieren tus palabras, Santo Padre! Especialmente cuando en Santiago de Compostela te preguntas, ¿cuál es la aportación específica y fundamental de la Iglesia a esa Europa que ha recorrido en el último medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos? Y respondes con toda claridad con estas palabras: “Que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida”. Ciertamente, resulta una tremenda tragedia el que se divulgue ya desde el s. XIX la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de la libertad. Tenemos la urgencia, la responsabilidad y el ejercicio de caridad, de hacer posible que “Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa, que esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndole servir a fines que le son impropios”. Hay una necesidad imperiosa de abrirse a Dios, de salir a su encuentro sin ningún tipo de miedos, para trabajar cada día con más ganas por aquella dignidad del hombre que nos ha sido revelada y descubierta por Jesucristo. “Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo”.

Por último, Santo Padre, ¡qué reflexión más profunda nos hiciste, cuando nos decías en Barcelona, que Gaudí, con su obra, “nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la auténtica originalidad está, como decía él, en volver al origen que es Dios. Él mismo, abriendo así su espíritu a Dios, ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma”. Nos has hecho una invitación fuerte a ser hombres y mujeres creadores de espacios de belleza, de fe y de esperanza, pero ello es imposible sin un encuentro con Dios. Abramos nuestra vida a la acción de Dios que está esperando esta apertura; dejemos entrar a Dios, expresión suprema de la Belleza, en nuestra vida y en el mundo; mostremos al mundo el rostro de Dios, pues el único que puede responder al anhelo que habita en lo más profundo del corazón del hombre.

Con su magisterio y caridad, la visita de Benedicto XVI “como peregrino” a Santiago y Barcelona estoy seguro de que dará frutos también en nuestra Archidiócesis de Valencia. Con renovado entusiasmo de su visita a nuestra tierra en el V EMF nos sumamos a los preparativos para la gran Jornada Mundial de la Juventud con el Papa en Madrid, en 2011. Por ello, deseo resaltar cuatro dimensiones de nuestra existencia que ha movido estos días el Santo Padre para: 1º) que realicemos una adhesión absolutamente verdadera e incondicional a Cristo; 2º) que resituemos el interés por todo lo cristiano en lo que es el movimiento interior que lo anima; 3º) que reavivemos en profundidad y en comunión con los testigos de lo cristiano lo que es la experiencia cristiana en su originalidad; 4º) y que en el próximo mes de agosto estemos acompañando al Santo Padre en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, como prolongación de la comunión que estos días hemos tenido con él.

Con gran afecto y mi bendición



+ Carlos, Arzobispo de Valencia






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