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Portada:: Razón y Fe:: Fernando Pascual LC.:: Benedicto XVI, peregrino en el Líbano (14-16 de septiembre de 2012)




Benedicto XVI, peregrino en el Líbano (14-16 de septiembre de 2012)

 
Mon, 01 Oct 2012 21:01:00

El viaje del Papa Benedicto XVI al Líbano fue visto por muchos como un periplo difícil, incluso tal vez con ciertos riesgos. En el Norte de África, en Siria y en otros países, movimientos revolucionarios buscaban (y en algunos casos conseguían) derrocar sistemas de poder prolongados durante años. Esos movimientos provocaron en algunos lugares situaciones de violencia que permitieron a grupos radicales islámicos perseguir, con maneras más o menos violencias, a las minorías, especialmente a los cristianos.

Las tensiones son especialmente intensas en Siria, país que tiene una amplia frontera con el Líbano. Una revuelta popular iniciada el año 2011 está provocando miles de muertos y pone en serias dificultades a la población en general y a los cristianos en particular.

Además, la situación de los cristianos en países como Irak, con las tensiones surgidas tras la invasión del año 2003 y la derrota y ejecución de Saddam Hussein, era sumamente difícil, hasta el punto de provocar la emigración de miles de bautizados. En otros lugares, las leyes marginaban o incluso provocaban situaciones de grave peligro para los creyentes en Cristo, muchos de ellos herederos de una tradición de siglos, que se podía remontar a las primeras fases de desarrollo del cristianismo en el Oriente Medio.

Dos años atrás, y sin que se atisbase en el horizonte lo que luego sería conocido como la "primavera árabe", Benedicto XVI había convocado un Sínodo especial de los obispos dedicado a la Iglesia católica en Oriente Medio. El Sínodo tuvo lugar en el Vaticano del 10 al 24 de octubre de 2010, y tenía como título "La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio". Reunió a 185 padres sinodales y preparó un importante material que puso a disposición del Papa, para la redacción de una exhortación apostólica postsinodal. Este documento sería firmado y publicada durante el viaje al Líbano, con el título Ecclesia in Medio Oriente.

Ya en la homilía de clausura del Sínodo (domingo 24 de octubre de 2010), Benedicto XVI había señalado algunas de las ideas y temáticas abordadas por los padres sinodales. Entre otras, subrayó la necesidad de una estrecha comunión entre los católicos de distintos ritos y tradiciones, lo cual facilita el diálogo ecuménico con los hermanos de otras Iglesias y comunidades eclesiales. Además, evidenció de la situación de violencia que se vive en muchos lugares, y de la necesidad de orar y de trabajar por la paz. Y habló sobre la importancia de promover una más amplia libertad religiosa en muchos lugares donde ésta se encuentra limitada; solo desde tal libertad se hace posible un fecundo diálogo entre cristianos y musulmanes.

El viaje al Líbano del año 2012 se colocó en continuidad con el Sínodo del año 2010, pues el Papa emprendió tal viaje con el deseo de entregar idealmente a todas las comunidades católicas de Oriente Medio la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente. Así lo había ido anunciando en diversos discursos previos al viaje. Así lo declaró en las palabras de saludo a su llegada al aeropuerto de Beirut, y luego en la audiencia general que tuvo después del viaje (el miércoles 19 de septiembre): "Mi viaje tenía como fin principal la firma y entrega de la Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente a los representantes de las comunidades católicas de Oriente Medio, como también a las otras Iglesias y comunidades eclesiales y a los jefes musulmanes".

En la rueda de prensa ofrecida durante su viaje desde Roma a Beirut, el viernes 14 de septiembre, Benedicto XVI puso ante los periodistas otro de los objetivos centrales del viaje: "invitar al diálogo, invitar a la paz contra la violencia, caminar juntos para encontrar solución a los problemas". Condenó, además, el fundamentalismo como una falsificación de la religión e invitó a trabajar por la paz en Siria, de modo que se garantice la convivencia; sólo así los cristianos (y no sólo los cristianos) no se verán obligados a huir de las zonas en conflicto.

También aludió, en ese mismo encuentro con los periodistas, al Líbano como modelo de convivencia, algo que volvió a recordar a lo largo de su estancia en el país de los cedros. Precisamente en sus primeras palabras en tierras libanesas, durante los saludos en el aeropuerto de Beirut, el Papa dijo: "El famoso equilibrio libanés, que quiere seguir siendo una realidad, se puede prolongar gracias a la buena voluntad y al empeño de todos los libaneses".

Uno de los actos centrales del viaje, la firma de la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, tuvo lugar en la tarde del mismo día de la llegada del Papa, en la basílica greco-melkita de Harissa, ante la presencia de los patriarcas y obispos del Líbano y del mismo presidente de aquel estado, el general Michel Sleiman, de los miembros del Consejo Especial para Medio Oriente del Sínodo de los Obispos, y de dos delegaciones, una ortodoxa y otra musulmana.

Benedicto XVI evocó, en las palabras dirigidas en ese acto, la fiesta del día, la Exaltación de la Santa Cruz, recordando las palabras que, según la tradición, fueron escuchadas por Constantino antes de la famosa batalla de Puente Milvio: "In hoc signum vinces". Luego fue desvelando en síntesis las tres partes del documento postsinodal, tejido sobre el texto de la 1 Carta del apóstol san Pedro y fruto de los trabajos de los padres sinodales durante el mes de octubre de 2010, en los que reflexionaron "sobre los gozos y las penas, los temores y las esperanzas en esos lugares de los discípulos de Cristo vivo".

En concreto, el Papa aludió a las ideas expuestas en la primera parte del documento con estas frases:

"Queridos cristianos de Oriente Medio, ¿cómo no dar gracias a Dios en todo momento por todos vosotros? (cf. 1Ts 1,2; primera parte de la Exhortación postsinodal). ¿Cómo no alabar vuestra fe llena de ánimo? ¿Cómo dejar de agradecer la llama de su amor infinito que vosotros seguís manteniendo viva y ardiente en estos lugares, que han sido los primeros en acoger a su Hijo encarnado? ¿Cómo no expresarle nuestro reconocimiento por los impulsos de comunión eclesial y fraternal, por la solidaridad humana manifestada sin cesar hacia todos los hijos de Dios?"

Según la síntesis publicada por el Vaticano sobre Ecclesia in Medio Oriente, la primera parte presenta la situación de la Iglesia católica en los países de la zona y aborda temas de tanto interés como la tolerancia, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, el fundamentalismo, el secularismo y el fenómeno migratorio.

La segunda parte, si volvemos a evocar el discurso del Papa antes citado, invita a los católicos de los diversos ritos y tradiciones a testimoniar la "sequela Christi" con actos concretos. "A la luz de la fiesta de hoy, y con vistas a una aplicación fructífera de la Exhortación, os invito a todos a no tener miedo, a permanecer en la verdad y a cultivar la pureza de la fe". Se trata, prosiguió Benedicto XVI, de acoger y vivir "la locura de la cruz", es decir, la locura

"de saber convertir nuestro sufrimiento en grito de amor a Dios y de misericordia para con el prójimo; la de saber transformar también unos seres que se ven combatidos y heridos en su fe y su identidad, en vasos de arcilla dispuestos para ser colmados por la abundancia de los dones divinos, más preciosos que el oro (cf. 2Co 4,7-18). No se trata de un lenguaje puramente alegórico, sino de un llamamiento urgente a llevar a cabo actos concretos que configuren cada vez más con Cristo, unos actos que ayuden a las diferentes Iglesias a reflejar la belleza de la primera comunidad de creyentes (cf. Hch 2,41-47; segunda parte de la Exhortación)".

Más en concreto, la segunda parte del texto papal ofrece ideas y recomendaciones a los católicos según sus respectivas funciones, desde los patriarcas hasta los bautizados (incluyendo los jóvenes y los niños).

La tercera parte se orienta a la "nueva evangelización", desde la que es posible que los católicos que viven en Oriente Medio testimonien con su vida la fe en Jesucristo. Volvemos de nuevo a recoger las palabras de Benedicto XVI en la presentación del texto:

"La Exhortación, en todas y cada una de sus partes, quiere ayudar a cada discípulo del Señor a vivir plenamente y a transmitir realmente lo que él ha llegado a ser por el bautismo: un hijo de la luz, un ser iluminado por Dios, una nueva lámpara en la oscuridad inquietante del mundo, para que en las tinieblas resplandezca la luz (cf. Jn 1,4-5 y 2Co 4,1-6). Este documento quiere contribuir a despojar a la fe de lo que la desfigura, de todo lo que puede oscurecer el esplendor de la luz de Cristo. La comunión es entonces una verdadera adhesión a Cristo, y el testimonio es un resplandor del Misterio pascual, que da pleno sentido a la cruz gloriosa. Nosotros seguimos y «predicamos a Cristo crucificado [...] fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Co 1,23-24; cf. tercera parte de la Exhortación)".

Para esa "nueva evangelización" la exhortación Ecclesia in Medio Oriente ofrece propuestas muy concretas, entre las que destacan la idea de tener un año bíblico y la promoción de la liturgia y la vida sacramental. El documento invita, además, a fundar la tarea evangelizadora desde la oración y la caridad, y también desde una correcta vivencia de las peregrinaciones a los lugares santos.

En la mañana del día 15 de septiembre, el Papa tuvo un encuentro con los representantes de los ámbitos político, diplomático, cultural y religioso del Líbano. Benedicto XVI pronunció un importante discurso donde subrayó cómo en el Líbano la convivencia entre cristianismo e islam es una realidad, gracias a la cual resulta posible, por ejemplo, que en una misma familia se encuentren personas de religiones diferentes.

Uno de los temas centrales de ese discurso fue el de la paz, que requiere una serie de condiciones para hacerse realidad. El Papa evidenció, en primer lugar, los fundamentos en los que se construye una sociedad abierta a la paz: el respeto de la persona en su dignidad, de la vida, de la familia.

"Con el fin de asegurar el dinamismo necesario para construir y consolidar la paz, hay que volver incansablemente a los fundamentos del ser humano. La dignidad del hombre es inseparable del carácter sagrado de la vida que el Creador nos ha dado. En el designio de Dios, cada persona es única e irremplazable. Viene al mundo en una familia, que es su primer lugar de humanización y, sobre todo, la primera que educa a la paz. Para construir la paz, nuestra atención debe dirigirse a la familia para facilitar su cometido, y apoyarla, promoviendo de este modo por doquier una cultura de la vida. La eficacia del compromiso por la paz depende de la concepción que el mundo tenga de la vida humana. Si queremos la paz, defendamos la vida".

Pero también el Papa evidenció la importancia de otra vertiente en la tarea por fomentar la paz: la lucha contra el mal, un mal que "no es una fuerza anónima", sino que se concreta en seres existentes. "El mal, el demonio, pasa por la libertad humana, por el uso de nuestra libertad. Busca un aliado, el hombre. El mal necesita de él para desarrollarse".

La descripción del proceso del mal permite identificar el inicio de tantos conflictos humanos. La transgresión del primer mandamiento llevó a la transgresión del segundo: la falta contra el amor de Dios condujo a la falta contra el amor al hermano. Pero existen siempre horizontes para vencer el mal con la fuerza del bien. Las palabras del Papa, en ese sentido, trazaron un camino difícil pero imprescindible para conseguir la verdadera liberación sobre las fuerzas malignas.

"Pero es posible no dejarse vencer por el mal y vencer el mal con el bien (cf. Rm 12,21). Estamos llamados a esta conversión del corazón. Sin ella, las tan deseadas 'liberaciones' humanas defraudan, puesto que se mueven en el reducido espacio que concede la estrechez del espíritu humano, su dureza, sus intolerancias, sus favoritismos, sus deseos de revancha y sus pulsiones de muerte. Se necesita la transformación profunda del espíritu y el corazón para encontrar una verdadera clarividencia e imparcialidad, el sentido profundo de la justicia y el del bien común. Una mirada nueva y más libre hará que sea posible analizar y poner en cuestión los sistemas humanos que llevan a un callejón sin salida, con la finalidad de avanzar, teniendo en cuenta el pasado, con sus efectos devastadores, para no volver a repetirlo. Esta conversión que se requiere es exaltante, pues abre nuevas posibilidades, al despertar los innumerables recursos que anidan en el corazón de tantos hombres y mujeres deseosos de vivir en paz y dispuestos a comprometerse por ella. Pero es particularmente exigente: hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar. Puesto que sólo el perdón ofrecido y recibido pone los fundamentos estables de la reconciliación y la paz para todos (cf. Rm 12,16b.18)".

En la tarde del sábado 15, en Bkerké (a unos 25 kilómetros al norte de Beirut), Benedicto XVI tuvo un encuentro con los jóvenes. En el mismo reconoció la presencia de dificultades, como la falta de seguridad, el desempleo o la marginación. Pero los problemas no deberían arrastrar a la "miel amarga" de la emigración; al contrario, como dijo el Papa a los jóvenes, "se trata de que vosotros seáis los artífices del futuro de vuestro país, y cumpláis con vuestro papel en la sociedad y en la Iglesia".

Con un corazón paterno, el obispo de Roma invitó a los jóvenes a abrirse a un encuentro sincero con Cristo, sin miedos, y a evitar peligros y mundos paralelos (como la droga o la pornografía) que impiden vivir plenamente. Incluso avisó de los riesgos de las redes sociales, que "son interesantes, pero pueden llevar fácilmente a una dependencia y a la confusión entre lo real y lo virtual".

Tras ofrecer una exhortación al apostolado, a la comunión, al perdón, el Papa dirigió también unas palabras a los jóvenes musulmanes que participaron en el encuentro de Bkerké, y les invitó a la tarea de la construcción de la paz:

"Quiero saludar ahora a los jóvenes musulmanes que están con nosotros esta noche. Agradezco vuestra presencia que es tan importante. Vosotros sois, con los jóvenes cristianos, el futuro de este maravilloso país y de todo el Oriente Medio. Buscad construirlo juntos. Y cuando seáis adultos, continuad a vivir la concordia en la unidad con los cristianos. Porque la belleza del Líbano se encuentra en esta bella simbiosis. Es necesario que todo el Oriente Medio, viéndoles, comprenda que los musulmanes y los cristianos, el Islam y el Cristianismo, pueden vivir juntos sin odios, respetando las creencias de cada uno, para construir juntos una sociedad libre y humana".

Al dirigirse a un grupo de jóvenes sirios que también estaban allí presentes, Benedicto XVI les recordó que rezaba por Siria, y añadió: "Es el momento en que musulmanes y cristianos se unan para poner fin a la violencia y a la guerra". La situación de Siria, además, fue el tema más destacado durante las palabras del Angelus del domingo 16 de septiembre, en el que dirigió una llamada especialmente intensa para que cese la violencia y se busquen soluciones respetuosas de la dignidad de las personas.

El evento más importante del viaje fue la misa en la capital, Beirut, en la mañana del domingo 16 de septiembre, en la que estuvieron presentes 300 obispos y miles y miles de personas del Líbano y de otros lugares que habían acudido como peregrinos a esta celebración. Desde el Evangelio de ese domingo (Mc 8,27-35), en el que se narra la confesión mesiánica de Pedro, el Papa explicó el tipo de mesianismo propio de Jesús: no es un "libertador político todopoderoso", sino un Mesías sufriente y servidor.

El servicio es, precisamente, una de las características centrales del cristiano, y uno de los caminos a recorrer para conquistar la paz (un tema repetido continuamente durante los tres intensos días de la visita papal). Al respecto, durante la homilía Benedicto XVI añadió:

"La vocación de la Iglesia y del cristiano es servir, como el Señor mismo lo ha hecho, gratuitamente y a todos, sin distinción. Por tanto, en un mundo donde la violencia no cesa de extender su rastro de muerte y destrucción, servir a la justicia y la paz es una urgencia, para comprometerse en aras de una sociedad fraterna, para fomentar la comunión. Queridos hermanos y hermanas, imploro particularmente al Señor que conceda a esta región de Oriente Medio servidores de la paz y la reconciliación, para que todos puedan vivir pacíficamente y con dignidad. Es un testimonio esencial que los cristianos deben dar aquí, en colaboración con todas las personas de buena voluntad. Os hago un llamamiento a todos a trabajar por la paz. Cada uno como pueda y allí donde se encuentre".

Al finalizar la misa del domingo, el Papa entregó simbólicamente el texto de la exhortación Ecclesia in Medio Oriente a varios obispos representantes de las Iglesias directamente interpeladas por el mismo. Explicó que con "la entrega de este documento, comienza su estudio y asimilación por parte de todos los protagonistas eclesiales: pastores, personas consagradas y laicos, para que cada uno encuentre una alegría nueva en proseguir su misión, animados y fortalecidos para aplicar el mensaje de comunión y de testimonio desarrollado según los distintos aspectos humanos, doctrinales, eclesiológicos, espirituales y pastorales de esta Exhortación".

Los obispos recibían así "una hoja de ruta para los próximos años" (discurso en el aeropuerto de Beirut, 14 de septiembre), desde el deseo del Papa de que Ecclesia in Medio Oriente llegue a ser "una guía para avanzar por los caminos multiformes y complejos en los que Cristo os precede" (palabras conclusivas tras la celebración eucarística del 16 de septiembre).

El viaje de Benedicto XVI al Líbano, intenso y lleno de mensajes, ofreció al mundo y a los creyentes el testimonio de un pastor cercano a los hijos de la Iglesia, y de un hombre convencido del valor de la auténtica paz. Además, dejó a las Iglesias de Oriente Medio, y en cierto modo a todos los católicos, un documento importante, en el camino que cada bautizado y cada comunidad recorre hacia el encuentro definitivo con Aquel que nos redimió desde su servicio humilde y su Cruz salvadora: Jesucristo






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