CAMINEO.INFO.- Vigo/ESPAÑA.- Los asistentes a la romería más tradicional de Vigo superaron las 20.000 personas, según cálculos de la Entidad Menor. Desde la mañana los accesos al lugar de O Mosteiro, en Bembrive estaban complicados. En las cunetas se estacionaron hileras de coches y la entrada al núcleo parroquial disfrutó de un continuo ir y venir de clientes de los furanchos.
El día grande de San Blas, el 3 de febrero, se consolida año a año como la romería popular por excelencia de Vigo. Miles de asistentes (25.000, según la organización) se dieron cita en Bembrive, en el barrio de O Mosteiro. Pese a tratarse de un día laboral, pocos fueron los que se quisieron perder una fiesta que mantiene intacto el sabor tradicional.
Toda romería que se precie combina armónicamente el carácter religioso con el lúdico. A lo largo de toda la mañana, las campanas llamaron a los fieles al oficio, celebrándose a las 12 la misa solemne, seguida por la procesión de San Blas en torno al atrio.
Curador de los males de garganta, miles de manos se extendían con pañuelos y bufandas para rozar la imagen del santo y alcanzar su naturaleza sanadora.
En medio de los fieles, la presidenta de la Autoridad Portuaria, Corina Porro, que acudió, como cada año, a su cita con la procesión. Fue la única de los representantes políticos que participó activamente en el acto litúrgico.
Camino hacia la iglesia románica de Santiago de Bembrive, muchos bajos de las casas lucían artesanales indicadores de furanchos: chorizos, cachelos, pan de broa... todo bañado con vino de la tierra y a precios populares.
Gaitas, panderetas, trajes regionales y distintivos de las peñas de San Blas conformaban el escenario de una romería que se ha convertido en los últimos años en la principal cita social de Vigo, donde lo ‘enxebre’ se impone al glamour.
Llegada la hora de comer, la afluencia de público aumentó entre los que se acercaron para compaginar un poco de fiesta con la jornada laboral. El menú, el obligado por San Blas: un buen cocido gallego. Hay peñas de amigos que se reúnen en una mesa para degustar una comida de confraternización.
En la fotografía, es de J. V. Landin, la imagen de San Blas que salió a hombros de la iglesia parroquial, llevada por los fieles en una multitudinaria procesión