CAMINEO.INFO.- Llegó el mes de diciembre y con él, un invierno más que pasará a la historia de nuestra vida, de nuestra familia y de la humanidad entera. Porque, aunque no lo parezca, cada año que pasa es diferente del todo al anterior, una nueva oportunidad de mirar a nuestro alrededor y ver algo más allá.
Llegó el mes de diciembre y con él, otra Navidad, otra oportunidad para contemplar a ese Niño que es capaz de conmover a los corazones más duros y de llenar de lágrimas nuestros ojos.
Es Navidad y hasta las personas que no quieren oír hablar de ella son receptivas a su luz, a ese deseo de ser bondadosos y generosos, a esa añoranza de tiempos pasados, cuando siendo niños vivían con auténtico entusiasmo la magia de la Navidad.
Es Navidad y nace un Niño que será capaz de cambiar este mundo si nosotros le dejamos y ponemos de nuestra parte. Nace un Niño para que podamos contemplarlo y así sacar propósitos de mejora personal, para que le podamos imitar, pues este mundo necesita de los niños, de esas almas puras a las que cientos de miles de veces no hemos dejado ver la luz del día.
Es Navidad y por eso, aunque algunos finjan una indiferencia inexistente en su corazón, tenemos que cantar, sonreír y pedirle al Niño por todas nuestras necesidades, por todos esos familiares y amigos y por la humanidad entera que sufre su ausencia por decisión propia.
Es Navidad y si decides quitarte la careta de la indiferencia, de la queja quisquillosa y de la ridícula vanidad serás capaz de decir a voz en grito, como terapia infalible contra la tristeza: ¡Feliz Navidad de todo corazón!